Arquitectura: ¡La máxima obra de arte!

Escrito por arkisanchez 02-09-2008 en General. Comentarios (0)

Estimados (as) bloggers: Con mucho gusto comparto con ustedes esta crónica sobre mi obra de arquitectura, funcional con estilo Internacional  que diseñé por largos 38 años en México.

 

La lluvia nocturna humedece mi  jardín de agaves, sábilas, una palmera y es el clima ideal para cuestionar  a la dictadura partidista del Congreso de la Unión, la razón por la cual, nos desposeyeron del derecho constitucional de ser informados sobre el estado que guarda México descrito en el informa presidencial de mañana. ¡Ingratos! Como ecologista protector de cetáceos, no acepto el uso de delfines para fines electorales en nuestra desastrosa urbe. Dejo este tema tema  para otra ocasión porque hoy relato sobre el gran arte de la arquitectura:--Testigo insoslayable de la historia--, su docencia en México y el ejercicio profesional.

En 1785, se inicia la enseñanza de la arquitectura  en La Real Academia de San Carlos de la Nueva España, mientras se construía el estilo barroco español con pórticos de iglesias del arte Tequique. Hasta que, en 1805, predominó la arquitectura neo-clásica por los arquitectos Tres Guerras y Manuel Tolsá, constructor del Hospicio Cabañas en Guadalajara con su magnífica cúpula por el arquitecto Manuel Gómez Ibarra.

En 1843, el presidente Antonio López de Santa Anna la cambió a la Academia Nacional de San Carlos, dirigida por el arquitecto Javier Cavallari, donde, los alumnos tenía que estudiar las materias científicas en el Colegio de Minería y las artísticas en la Academia para recibir el titulo de ingeniero-arquitecto. Durante el imperio de Maximiliano de Hapsburgo, las edificaciones se centraron en el eclecticismo francés de la Academia de Bellas Artes de París por su influencia en los arquitectos mexicanos especializados en Europa.

En 1867, se formó la carrera de arquitecto en la Escuela Nacional de Bellas Artes conservándose los conceptos y estilos arquitectónicos antes citados, siendo continuados durante el régimen del general Porfirio Díaz para embellecer la Ciudad de México, al par, con la filosofía positivista subrayando la ciencia, la técnica y la afinidad por lo Universal, hasta que, en 1900, el arquitecto Carlos Lazo instituyó el método de dibujo Pillet francés como materia en arquitectura.

Durante el porfiriato, se introducen al país el fiero estructural, el cemento para construcciones de escuelas, estaciones de tren, mercados y el concreto armado en la bóveda de la Casa Broker (1898) por los profesionales De Lemos y Cordés y en el edificio La Mutua. En 1902, el ingeniero Miguel Rebolledo con su sistema Hennebique francés, usó el sistema estructural de pórticos en concreto armado seis años antes de la famosa estructura “Dominó” de Le Corbusier.

En 1897, el neo-indigenismo floreció como tendencia arquitectónica con la construcción del Monumento a Cuauhtémoc por el ingeniero Francisco Jiménez y su monumental escultura al bronce  por el escultor Nereña( de la cual, tengo una replica pequeña en venta) y después el clásico y hermoso Hemiciclo a Juárez por el arquitecto Guillermo Heredia sobre el Paseo de la Reforma.

En 1903, el arquitecto Antonio Ribas Mercado dirigió la Escuela Nacional con los profesores Adamo Boari, Roisin y Paul Dubois, pero, en 1910, se convirtió en la Escuela de Arquitectura anexada a la universidad y para 1929, se desliga de la Escuela Central de Artes Plásticas  para incorporarse a La Universidad Nacional Autónoma de México y obtener en 1970 su gobierno autónomo.

El sentimiento nacionalista posterior a la Revolución Mexicana, que estipulaba: -La prioridad de la cultura mexicana y la exclusión de la extranjera-, fue el principio de muchos arquitectos para edificar la arquitectura nacionalista y de la transición como antecedentes de la arquitectura moderna en México.

En 1930, la arquitectura funcionalista procalmó: “La forma sigue a la función”; “La no ornamentación estilística del pasado” y  “La nueva arquitectura debe ser limpia”, según el arquitecto Adolph Loos.

En 1948, el arquitecto Ignacio Díaz Morales fundó la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara contratando para la docencia a arquitectos extranjeros como Bruno Cadore y Silvio Alberti, Hans Hartung y Matías Goeritz junto a profesionales tapatíos, cambiando su nombre, en 1970, a La Facultad de Arquitectura, donde, tres años anteriores, inicié mi formación académica en urbanismo, planificación, diseño arquitectónico, la técnica constructiva tapatía, del acero y el concreto armado y aligerado.

En las aulas aprendí la definición del esteta José Villagran García de; “Arquitectura es el arte de crear la morada integral del hombre”, y donde, el pasante José Hernández Laos, al regalarme su tesis profesional, me aconsejó: “¡Espero sientas por la arquitectura una pasión que es la vida!”. Mientras que en Guadalajara predominaba el colonial jalisciense, el estilo funcional de Días Morales y Juan O´Gorman, el regional de Luís Barragán, el Internacional de Goeritz y la parabólica de Alejandro Zhon.

Mi arquitectura es el legado de la Escuela de Chicago de Luís Sullivan, del Bauhouse de Gropuis y Mies Van der Rohe, la neo-plástica de Theo Van Doesburg, Le Corbusier, Frank Llyod Wright y Julio Acosta para la práctica profesional iniciada hace 38 años como dibujante de planos para permisos de construcción y proyectista  para el ingeniero Manuel Islas y los compañeros Basilio Rueda Montoya y Apolonio Vásquez, quienes construyeron mi arquitectura moderna funcionalista con fachadas estilo colonial, internacional y brutalismo combinando el juego plástico volumétrico con bellas formas geométricas y texturas de canteras, mármoles, aluminio, cristal y fuertes matices para lograr la armonía arquitectónica en los géneros: Casas habitación y residencias, edificios de oficinas y apartamentos(en uno innové la forma piramidal invertida), hoteles, clínicas de salud, colegios e iglesias con la novedosas ventanas trapezoidales y vitrales de ónix para los Hermanos Maristas; restaurantes y de conservación del patrimonio en la Barca, Ciudad Guzmán, Guadalajara y en Unión de Tula, Jalisco (remodelación de su Plaza de Armas, el atrio de la iglesia y una escultura modernista que los tuleños llamaron: “Patas de buey boca arriba”), y en los estados de Michoacán, Nayarit, Sinaloa, Sonora y Baja California Sur; con mis diseños trascendí a Europa con una residencia en Galicia, España y en la Ciudad del Vaticano quedó el proyecto de la iglesia de Las Golondrinas de Guaymas para el Padre Antonio, por la controversial Cruz inclinada de concreto no aceptada como concepto plástico católico. En Cajeme, diseñé el estilo Colonial Sonorense de las Misiones Jesuitas y mi arquitectura “Más Amigable” con el medio ambiente porque he concluido que: --Arquitectura es el arte de diseñar y edificar los espacios habitables para el hombre--.

 

Pie de foto: Edificio de oficinas al estilo Internacional de los años 1970 en Guadalajara por el arquitecto Francisco Sánchez López.

 

Francisco Sánchez López

Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico de seris y yaquis, ecologista protector de ballenas del mar de Cortés, colaborador cultural en crónicas y críticas de arte para el suplemento Quehacer Cultural del periódico El Diario del Yaqui de Ciudad Obregón, Sonora.