Una mirada al arte en Cajeme o Ciudad Obregon, Son
Calurosos están los días finales de la primavera en nuestro hábitat desértico, calor que se deja sentir en el ambiente a pesar de que la luna está en cuarto menguante y el sol nos brinda magníficos atardeceres en la laguna del Nainari.
En el auditorio de la Biblioteca Pública, ante buena asistencia de escritores y promotores culturales y estudiantes asistí a la conferencia “Mis pasos por la literatura” por la poeta y traductora Silvia Pratt, donde en verdad entendí a la perfección el misterio para escribir poesía ya sea en rima o al verso libre. indicó la señora Pratt que el secreto está en la “Palabra” para escribir este estilo literario. “El poeta es único porque plasma su cosmovisión y experiencia, invoca a lo sagrado, a la existencia para otorgar una unión entre su poesía y el lector”. Con singular sonrisa continuó señalando“El poeta observa al mundo con mirada certera, es un canto, es una respuesta a este existir. Busca la luz interna para hacer poesía porque el hombre trata de reordenar al mundo. La palabra es la materia prima, si no hay conexión, no se encuentra la poesía”.
Es loable la acción cultural de la Agrupación para las Bellas Artes, A.C., que trajo a esta escritora a dar conferencias entre los amantes de la cultura local, porque con su sencillez y experiencia nos instruyó con simples palabras el chiste del quehacer poético que tanto gusta al sonorense culto, porque aunque usted no lo crea, Cajeme es lugar de poetizas y poetas.
Durante la pasada muestra de acuarelas en el espacio cultural Cre-arte de la Expo Obregón, exhibí cinco acuarelas con la temática de cocinas de hacienda y de chinames que gustaron mucho a los miles de asistentes, sobre todo a señoras que tuvieron cierta reminiscencias porque sus abuelos vivieron en algunas viviendas de horcón de mezquite y carrizo. Una de ellas al preguntarme el porque pinto cocinas, recordé como realicé la primera acuarela hace ya varios años y donde terminó porque fue una anécdota, que he decidido narrar, por lo insólito que se puede manifestar en el arte.
Todo comenzó en un día de octubre o noviembre, en la playa de El Crestón en San Carlos, donde fui en busca inspiración para pintar algo ya que andaba por la vil calle, bosquejé el paisaje marino sin ningún valor, pero de repente, se me ocurrió dibujar una perspectiva interior que poco a poco le fui dando forma de una cocina de chiname, una moderna sin chiste y una cocina de hacienda del siglo XVIII, típica del sur de México. Me fui a mi taller para dibujara escala la perspectiva con acuarela, pero no la terminé, por motivos que nunca supe.
Dos señora Norteamericana, al observarlas, me la quisieron comprar así como estaba, pero no las vendí por no estar terminada del todo, le faltaba mas color y decoración. El tiempo pasó sin ganas de continuarla hasta que fui al festival de Álamos, donde después de instalarme, la terminé y exhibí para su venta.
Al día siguiente, una elegante turista norteamericana, digna representante de la belleza republicana, de clase adinerada y aromático perfume caminó por la calle del Museo costumbrista para ingresar a el mientras la observaba; después de un buen rato, arribó a la exhibición para observar las obras del colonial de Álamos expuestas, me hablo por detrás del hombro para preguntarme ¿Qué es eso?,
Señalando la acuarela que estaba situada en la parte superior izquierda de la mampara. ¡Ah, es un cocina, que terminé ayer!, le indiqué mientras la bajaba y se la entregaba.
¡Oh my God! (Dios mío)...¡Es bellísima!, comentó, sin dejar de admirarla y preguntarme donde en Álamos se localizaba para ella ir a verla y fotografiarla.
Le contesté que en ningún lado, que era un diseño original que hice en San Carlos, no existe, sólo es una pintura, porque nadie las hace por caras y bonitas.
Me invitó un café en el restaurante cercano porque quería que le explicara la acuarela y contarme su fantástica historia:
“Hará más o menos un año y medio tuve una visión-sueño de una cocina mexicana para decorar mi “log” (Departamento), que compré en uno de los mejores edificios de la Ciudad de Nueva York, Consulté libros de arte mexicano, contraté a decoradoras de interiores y a varios arquitectos para que me diseñaran
la cocina que soñé, pero no lo consiguieron.
Al sorbo de un café, continuó comentando “Mis amistades, mi socios comerciales y familiares me insinuaban que estaba loca por la insistencia de encontrar la soñada cocina. Aferrada a la idea, consulté varios museos de la ciudad, hasta que uno de ellos, me sugirió que hablara con el Museo de Tucson, Arizona, porque probablemente podía encontrar algo ahí, el cual, me indicó que viniera al
Festival de las Artes en Álamos por ser una ciudad colonial y que tal vez, aquí consiguiera lo que andaba buscando.
Tengo cuatro días aquí y he visitado casas antiguas, hoteles y casas mexicanas pero nada, un tanto afligida por no encontrar a lo que vine y como hoy es mi último día en la ciudad opté por visitar la cocina del museo y la plaza porque una huésped del hotel, me comentó que un artista estaba vendiendo bellas acuarelas coloniales.
“¡Increíble, verdad? ¡Porque ahora tengo la cocina que soñé en mis manos en esta pequeña acuarela! En Nueva York no lo van a creer, que la cocina mexicana soñada es una realidad pintada en papel casi igual a la del sueño”. Me comentó con cierta reminiscencia y con lágrimas en sus ojos azules.
“Sabía que existía en algún lugar, la vi, la intuí, la presencié y no desistí a pesar de que mis familiares me decían que lo olvidara, que no la encontraría...”.
-El error que todos cometieron es que tu soñaste una cocina de hacienda española minera del siglo XVII o XVIII y no una cocina mexicana- Le indiqué para proseguir a explicarle el espacio arquitectónico con techo de terrado de vigas de madera con loseta de barro, la pared recubierta de azulejo colonial azul añil con amarillo, el pretil con las hornillas de leña, las vasijas, jarrones, y cazuelas Talavera de Puebla y de Tonalá, Jalisco.
¿Puede ser construida en Nueva York? Me preguntó con insistencia.
-Claro que sí, le contesté, con 40 mil dólares la puedes edificar y si quieres la diseño en el espacio de tu log-.
Quedamos de comunicarnos por correo electrónico para el diseño, pero jamás supe de ella y el boceto de la cocina de la playa se lo regalé a una decoradora texana muy bonita, que quería que la pintara e ella en la alberca de su casa en la playa Algodones; me gustó para novia, pero no la volví a ver y nunca la pinté.
