¡Vacio cultural y artístico en Cajeme!
Estimados bloggers: Saludos cordiales a todos los que navegan por Internet. Hoy subo este artículo periodistico sobre fenómenos paranormales sucedidos en Cócorit, lugar de diableros y curanderos yaquis.
Vacio Cultural y Artístico en Cajeme.
¡Que belleza esplendorosa!, nos muestra la luna llena de agosto circunscrita en dos círculos con los colores del arco iris provocados por la humedad de la biosfera durante calurosa noche cajemenses sin viento. Motivándome a imaginar como se vería desde los parajes agrícolas o pueblos rurales del Valle del Yaqui. Donde no hay eventos culturales que redactar para ustedes debido a las vacaciones de verano presentándose un inusual vacío cultural y artístico canículos del desierto sonorense.
Por esto, recuro a la memoria biológica para compartir con ustedes ciertos fenómenos paranormales que he presenciado y sabido como testimonio particular de diferentes personas de nuestra ciudad y de Cócorit con su inaudito y extraordinario tianguis vaquero.
Por andar de investigador tuve la fabulosa oportunidad de conocer y sentir los efectos psicológicos posteriores a un encuentro con un "diablero" hace un par de años cuando indagaba hechos y lugares históricos de la antigua Misión de Cocoim por las calles del pueblo y vega del río Yaqui.
En la plaza, me gusta sentarme en mi banca preferida durante el crepúsculo para escuchar los misteriosos hechos paranormales ya famosos en Cócorit de fantasmas y apariciones entre construcciones, calles terregosas y por el canal Porfirito, junto al de la Casona del pintor Duron Morales y “la india cruda” de la antigua casona que alberga el Museo de los Yaquis. Acontecer en relación a tesoros enterrados que hermosillenses con aparato detector de metales andan por doquier:--Se meten hasta en el patio y en casas solas en busca de tesoros--. Comentó un señor vecino del restaurante de cecina.
Me fascinan por fantásticos, los relatados por mi amiga Isabel: --Cuando era niña mi familia era muy pobre, vivíamos en un cuarto de cartón, al ir a la escuela, escuchaba el llanto de un niño junto a un tronco de viejo árbol cercano al canal...; y cuando me estaban saliendo las chichitas, una noche fría y silenciosa, sentí una mano de mujer acariciándome desde el cuello al busto: Desperté con miedo por la sensación y vi que debajo del catre a una mujer morena acostada con su brazo extendido hacia mi cuerpo causándome terror por la visión...--.
¡Párale de contar, por favor!, le indiqué en plan de broma. Para luego, ella preguntarme: --¿Le causa mucho miedo?—
“¡No, qué va! Párale, porque me estoy excitando! Ja, ja, ja, nos reímos a carcajadas por un rato.
Entre casas antiguas con muros de adobe llegué a un predio donde presuntamente estuvo una casa antigua de asistencia social que confundieron con la antigua misión jesuita. Al estar tomando unas fotografías del tejaban semi destruido, sale una señora de entre las viviendas de enfrente para preguntarme que estaba haciendo. Le contesté que andaba buscando la historia del lugar mientras observaba a otra señora que se apareció de repente entre las ruinas, no estaba ahi antes.
La primera señora me corrió del lugar: --¡Aquí no hay nada de historia, ¡Váyase!, porque el dueño tiene prohibido visitas y ¡No sabe en lo que se está metiendo!--. ¡Váyase!
Abandoné el lugar porque era una señora cincuentona brava y amenazante, caminé hasta la esquina del canal Porfirito porque los vecinos de una casita de madera de color rojo estilo sureste de los Estados Unidos y otra de cartón negro al estilo pobreza extrema, presenciaron la discusión, al llegar a ellos, exclamé: “¡Qué brava señora!” Y se medio rieron porque ya la conocían.
Seguí fotografiando el paisaje y viviendas vernáculas por el canal hasta llegar a la casita abandonada del famoso curandero o brujo don Pablito, donde, alrededor de su abandonada casa de madera verde, se siente la energía y vibraciones de su poderosa hechicería entre las plantas, árboles y en la tierra. Me pone la carne de gallina cada que paso por el lugar.
Ya de noche arribé a la Comisaría de Cócorit para saborear una tortillas sobaqueras de harina de doña Oralia y mientras transitaba, haciéndole señas con el brazo extendido al camión para abordarlo, vi un carro viejo rojo con las ventanillas cerradas, empolvado y estacionado en la acera de la plaza; en su interior, un señor cincuentón de apariencia campesina sentado frente al volante.
Al llegar a la defensa delantera, vi como desde su interior: ¡Saltó un enorme gato negro! atacándome con una garra; lo esquivé agachándome y brincando sorprendido hacia atrás para que no me arañara la cara.
El gato cayó al centro de la calle y frente al Altar de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe mirándome inquisitivamente con sus ojos amarillos (medio humanoides) extrañado por la fracasada embestida; no dejaba de mirarme y volteando hacia el interior del templo, en pose de asalto, pero atónito. Por unos segundos nos observamos sorprendidos.
Me dirigí hacia el señor para indicarle: “¡Se le salió el gato!”, pero al llegar a la puerta: ¡OH, sorpresa!, estaba vacío porque el señor se había transfigurado en el gato negro que me arremetió.
Me quedé unos minutos mirando al gato, al carro vacio sin el señor, a la parroquia y al camión que venia a la altura de la refresquería donde venden sabroso ceviche de pescado; el felino, manteniendo su posición, me miraba con sus ojos amarillezcos, como diciendome: ¡Fallé! Me quedé paralizado sin poder reaccionar ante este suceso de hechicería y violento acto de agreción paranormal.
Al abordar el camión, el chofer me pregunto si el animal me había lastimado; ante mi negativa, expresó con risa nerviosa burlesca: --¡Tenga cuidado!, no es cualquier gato...--. Me reí por la opinión, pero al sentarme contiguo a una señora vestida de falda y rebozo, comentó: --¡Cuidado, no era un gato común, era un "diablero" transformado en animal, de los muchos que ha habido en el pueblo; fue una advertencia... le quieren poner un “Mal”... ¿En que anda metido?--.
No contesté, sólo me reí nerviosamente en silencio expectativo pero con cierto temor a lo paranormal. ¿Nervios?: ¡Más bien pavor!
La semana pasada fui de compras al inusual Tianguis de las Cabalgatas serranas y ribereñas "Ya nos vamos" como cuadro surrealista mágico De Chirico, localizado en el hermoso boulevard Tichi Muñoz y los muros de la hacienda Santa Rosalía (todo el centro histórico del pueblo debería tener este tipo de calles).
Me sorprendieron la multitud de sonorenses que estaban ya mirando ya comprando y el grupos de gringos sancarleños, guaymenses y arizonenses que vinieron al Museo de los Yaquis, a la cecina y a regatear precios para llevarse algún recuerdo cultural cocoreño de la Sonora de las Oportunidades boursistas.
Más me asombraron los miles de artículos a precios de remate: Sombreros tejanos Panamá de cinco estrellas, a cien pesos; paliacates rojos, a dos pesos; camisas rojas con emblemas blancos, a veinte pesos o tres por cincuenta; hebillas con dibujos y ornamentos de plata, oro y piedras preciosas, a setenta: Hermosos cintos piteados a mano, a veinticinco; pantalones de mezclilla, a dos por cincuenta pesos; botas de piel de avestruz, a cien pesos y de otras pieles exóticas muy baratas; espuelas casi regaladas y las monturas a trescientos pesos con todo y rienda.
Cerca del portal poniente, había muchos hermosos caballos pura sangre amarrados a los árboles y bajo sus sombras; estaban en venta por estar lastimados por el arduo trote en las cabalgatas del sexenio; los vendían en canal, a peso el kilo: ¡ Para la carne masschaca!, de los famosos y deliciosos burritos sonorenses muy gustados por comensales de París, Francia y en la Quinta Avenida de Nueva York, en la calle High Ashbury de San Francisco, California y por las avenidas Nainari y Miguel Alemán de Cajeme.
Aproveché esta rara oportunidad de la democracia y del priismo sonorense despidiéndose del poder para ajuararme como hacendado sonorense de la alternancia. Ja, ja, ja. Así que, si ven a un texano caminando por las calles del centro histórico no se confundan, no es Bush visitando Cajeme, soy yo, disfrazado de boursista jodido y desempleado.

Pie de foto: La parroquia de Cócorit al atardecer el día de los fenómenos paranormales.

Pie de foto: La cultura del hombre y la mujer a caballo a precios de tianguis. Los ojos del caballo están alucinados.

Pie de foto: ¡Y porqué a mi, masschaca? Engorda mucho. ¡No sean gachos! Qué culpa tengo yo que estos bueyes pristinos perdieron las elecciones. La gente votó en contra de mis dueños y ni modo. Pero venderme para machaca no tiene nombre.
Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.
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Francisco Sánchez López.
Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, escritor, periodista en crónicas y críticas de arte para el suplemento Quehacer Cultural del periódico El Diario del Yaqui y articulista de la revista Yuku Jeeka de la Asociación para las Bellas Artes, de Ciudad Obregón, Sonora, México.
Página web: www.arqsanchez.8m.com E-mail: artecajeme@yahoo.com