Cronista de Arquitectura, Arte y Ballenas de Sonora. México y USA.

Cultura ambiental y el consejo de cultura cajemense

Escrito por arkisanchez 30-08-2007 en General. Comentarios (0)

Estimados (as) bloggers:

De nuevo por el cyberespacio entre todos ustedes para subir esta nueva crónica cultural y sobre el lobo marino en cautiverio de San Carlos.

Espero pues les guste y envien sus comentarios.

Qué insoportable humedad y calor estamos sufriendo en nuestro hábitat que no deja limpiar el jardín durante la tarde dominical porque en media hora nos empapamos de sudor. Más no todo es una queja ambiental porque el pasado 14 de agosto, --Fecha gloriosa para la Sonora del futuro--, apareció en el cielo vespertino cajemense,  un formidable paisaje de “acuarela”: Un claro azul en el fondo y en primer plano un cielo gris negruzco por  nubes cargadas de lluvia y  junto a ellas varias nubes blancas donde se formó  un hermosísimo medio arco iris, por arriba de la Biblioteca Pública y el Palacio Municipal de Ciudad Obregón (Cajeme), Sonora. ¡Qué belleza de paisaje urbano!

Los pasados días nublados me transportaron a los tiempos universitarios en Bellingham, Washington, donde  mi querida musa Teresa y yo caminábamos abrazados expresándonos nuestro amor y pasión, y como acababa de llegar me mostraba el campus para familiarizarme con los edificios construidos  entre bosques de pinos, el lago donde navegamos en pequeños veleros, la cafetería frente al mar y rumbo al departamento una extensa área verde  circular donde las estudiantes en bikini se asoleaban cuando salía el sol.

--¡Algo se está quemando!--. Le exclamé,  señalando con el dedo índice hacia un chorro de humo blanco de cinco metros de altura  situado al centro del lugar.

Ella, después de varias carcajadas me contestó amorosamente: “¡Darling!, es una escultura conceptual hecha a base de gas por un famoso escultor de Washington...”. Para luego indicarme: “Lo escultórico son las formidables formas que toma el gas venteado a la dirección del viento, ¡Es formidable!, ¿Verdad?”. 

Pues si, ella tenia mucha razón  porque  cada vea que podía me sentaba  frente a la escultura  admirando las inigualables formas volátiles que se perdían en la nada y como buen existencialista que soy abrieron mi percepción por la belleza del lugar  y la múltiples formas jamás vistas. Treinta años  después  no  he podido olvidar a ambas en medio de la soledad del desierto de Sonora.

Conmovedoramente nostálgico esta el video de un lobo marino en cautiverio que después de nadar en la alberca se sube al andador  para arrastrarse hacia el mar y a la libertad pero lo obstruye una  malla metálica. Sin poder liberarse coloca su cara sobre el piso y melancólicamente observa la isla Ventana y a su mundo marino situado frente al delfinario de San Carlos, Sonora. Voltea de nuevo la cabeza y con sus ojos negros y tristones mira al camarógrafo, los cierra y los abre por unos segundos, voltea hacia el mar  echado como aceptando sin remedio su brutal destino y recordando sus días  con su familia, su lobera y su liberación.

Este promocional es difundido por las dos televisoras estatales para publicitar el espectáculo de delfines: Una persona  esquiando entre dos de ellos; otro, el pico del delfín sobre la cabeza de un infante asustado y tres de ellos saltando varios metros sobre la superficie de la piscina y terminar con el enfoque de uno de ellos  mostrándonos  un delfín   estresado  por tanto espectáculo.

Me indignó la mirada entristecida y depresiva del lobo marino por su cautiverio  porque siendo feliz en su medio ambiente fue atrapado por alguna red,  transportado a Hermosillo y años después a este sitio para trabajar en el entretenimiento acuático. ¿Cuanto  cuesta su libertad?

¿Porqué los humanos somos  tan crueles para con los animales, si por el afán de lucro para incrementar sus cuentas bancarias de Tucson, confinan a estos magníficos animales en cautiverio hasta su muerte?.

Sus desconsolados ojos me recordaron trágicos acontecimientos sufridos por la especie de pinnípedos: La perdida de sus colonias por la grave contaminación de la bahía de Guaymas, del Paraje Viejo, de la ensenada la Saladita quedando sólo la de Cabo Haro. En San Carlos abandonaron el islote León Echado para refugiarse en la Isla San Pedro Nolasco, su última colonia natural donde son visitados por el turismo que a veces los hiere con  las hélices del motor, son muertos en redes  de pesca comercial, son cazados para carnada en la pesca del tiburón y desde la playa de San Francisco algunos niños le disparan con rifles calibre .22. Los países orientales  buscan su sustentabilidad  para comercializar su carne y testículos como afrodisíaco,  recordándome el tequila del enfermizo candidato a gobernador de la Baja.

Seguramente el mensaje de esta fotografía sea el sentimiento de enclaustramiento que se siente en esta mediocridad cultural y artística de Cajeme y traiciones chilangas porque si hoy son los lobos marinos, delfines y ballenas mañana seremos  nosotros  bramando y saltando  bardas virtuales en Taiwán.

¡Incongruencias! Nos brinda  el arte cajemense por las dos pinturas de elefantes africanos de color amarillo: Un macho solitario y una madre con su cría frente a un abrevadero casi seco de la exposición “El Color de Sonora”, durante  las jornadas culturales de APALBA ante escaso público del Distrito Federal, representantes de universidades y gobiernos sonorenses, según el catalogo y fotos publicadas en este periódico.

¡Asombroso! Porque parecen ser copiados de alguna fotografía de la revista National Geographic que boceteados de la fauna representativa de Sonora. ¿Qué pasó con el misterioso “curador de arte” de la Ciudad de México que vino a Cajeme a seleccionar las obras para esta exhibición que al final de cuentas fue un diseñador gráfico del ITSON?

¿Por qué paquidermos amarillos para representar el arte  sonorense?, si no tenemos tradición en esta especie excepto el mamut del río Sonora hace miles de años y los famosos  petates de carrizo de Cócorit son –Pa` qui duerman--.

Me dio mucho gusto observar los últimos pincelazos  del maestro Héctor Martínez Arteche encaramado en un andamio para concluir su nuevo mural “Génesis”, en el edificio de computación del Instituto Tecnológico de Sonora. Máximo exponente del muralismo sonorense moderno y el mejor pintor de Sonora con quien fui a comer acompañado de Alina, su bella hija, para celebrar  el pasado 14 de este mes un año menos de vida como arquitecto cronista y critico de arte.

Previniéndose del calentamiento global que afectará a nuestro hábitat, un artesano ceramista del Itson y los   espurios Pintores Independientes y Dominicos con supuestas exposiciones en festivales artìsticos en Cócorit, Cajeme y Álamos presentaron ante el Consejo  Municipal de Cultura de Cajeme una extraordinario e intelectual proyecto cultural-artìstico solicitando dinero para comprar "Carpas desarmables, mesas y sillas de plástico  tipo “Tecate”, para que el sol no derrita  sus obras  de barro corrientes y sin plasticidad.  ¡Increíble!

 

Pie de foto: Matachín de Ciudad Guzmán, Jalisco. Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.

 

La cultura yaqui vista por un arquitecto plástico cajemense.

Escrito por arkisanchez 23-08-2007 en General. Comentarios (1)

 Estimados (as) bloggers:

Con mucho gusto comparto con ustedes esta interesante aventura universitaria para la investigación de una presis profesional de arquitectura y urbanismo entre la más agerrida y jamás vencida; la tribu yaqui de Sonora. Orgullo de México, porque si hubiese habido dos o tres tribus yaquis en México, Cortés nunca hubiera destruido nuestra riqueza cultural y arquitectonica.

 La profesión de arquitecto es una de las más excelsas por su formación humanitaria de antaño, impartida en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, porque para recibir el titulo universitario y el grado de licenciatura en latín era obligatorio presentar el servicio social y efectuar una tesis profesional para la comunidad de origen del universitario.

 En la década de los años setenta estuve realizando  ambos entre la Tribu Yaqui,   donde tuve que dejar el vanguardismo tapatío de la Zona Rosa de Guadalajara para venir a Cajeme y a Vícam para realizar la investigación de la Problemática y Soluciones de Vivienda en las Comunidades Yaquis del Estado de Sonora, conforme el programa urbanístico y arquitectónico que regía la planificación regional,  el diseño urbano y  arquitectónico y la teoría económica, social y política del nacionalismo revolucionario.

 El  primer viaje fue a Vícam Pueblo en un domingo caluroso del verano de 1975, donde esperé la terminación de una prolongada asamblea de las autoridades civiles, religiosas y militares de los Ocho Pueblos,  Río Yaqui, en la Guardia Tradicional, donde les expuse los propósitos de mi visita: Pedirles permiso para entrar a su territorio y pueblos, convivir con la gente conocer su cultura y medios de vida y recabar información sobre  las necesidades y problemas que la tribu yaqui adolecía aquellos tiempos de paz.

Grande fue mi decepción cuando escuché las palabras del Gobernador de Vícam,  José María Flores: “Tráenos una carta de la Universidad de Guadalajara dirigida a las Autoridades Tradicionales Yaquis, donde se te presente como estudiante de arquitectura y expongan los motivos de estudios que quiere hacer entre nosotros, la revisamos y te damos una respuesta... Así es la tradición aquí...”. Asombrado quedé por la contestación porque significaba regresar a Guadalajara  para solicitar dicho documento. les  repliqué: --Aquí está mi credencial de estudiante--, mostrándoselas a cada uno de los que estaban sentados en una banca bajo la sombra de una enramada, pero no fue satisfactorio; “Trae la carta de presentación y te dejamos entrar porque tu trabajo será benéfico para la tribu”, me indicó el gobernador para después continuar platicando entre ellos.

 Un yaqui con un tambor comenzó a tocarlo rítmicamente anunciando el Conti, se levantaron cada uno con su bastón de mando, se pusieron en fila y caminaron cruzando una gran explanada con un árbol alto y seco para introducirse al templo semidestruido. Los seguí porque el sonido del tambor me estremecía y me dejaron presenciar su Misa y ceremonia dominical, caminar  observando las ramadas habitacionales  entre el monte y el modo de vida tan distante a lo que estaba acostumbrado ante de regresar a Guadalajara decepcionado.

 No recuerdo cuanto tiempo transcurrió en la facultad para obtener la misiva y la disponibilidad de tiempo y dinero para regresar a Sonora, especialmente porque estaban las fiestas de los famosos cursos de verano auspiciados por la Universidad de Arizona en la Escuela de Artes Plásticas.  Regresé a Vícam  Pueblo con la carta, la presenté y  autorizaron al Pueblo Mayor, al capitán de la Guardia, al jefe de los Matachines y a las autoridades religiosas para que me asistieran señalándome a tres traductores e indicándome un último señalamiento: “No molestes a la gente en sus casas”. 

 Como el tema era muy extenso y la problemática interdisciplinaria, tuve la oportunidad de ser auxiliado por  reconocidos profesionistas: El antropólogo  español, Enrique Moreno de la Western Washington State College, campus Guadalajara; el sociólogo Victor Padelford del instituto Tenochtitlán de Seattle, Washington, en Guadalajara; Edward H. Spicer,  antropólogo cultural y  autoridad de prestigio internacional en la cultura yaqui de  la Universidad de Arizona, en Tucson; el historiador cajemense Claudio Dabdoub Sicre, el sociólogo, historiador y periodista Cesáreo Pándura, de Vícam Estación y el escritor costumbrista yaqui Santos García Wikit.

 Varios fueron los viajes de estudios que realicé conforme a la revisión del trabajo por mi maestro de  tesis, arquitecto Vicente Pérez Carabias, para cumplir con los tiempos del programa arquitectónico y el lapso  fijado de un año máximo  para concluirla, requisito motivador de la deserción de muchos pasante que truncaron su  carrera. A Guadalajara llevé mucha artesanía yaqui  para mostrarla en mi examen de tesis y profesional, las cuales, aún conservo después de treinta años. 

 Al arribo a Cajeme primero consultaba a don Claudio Dabdoub en las oficinas de su Cromadora, quien me  aconsejó: --Si no explica usted la historia de los yaquis, sus conceptos tradicionales y el porqué de su lucha no van a entender su tesis--. En Vícam Estación don Cesáreo me instruía sobre los aspectos sociales de  los decretos del general Lázaro Cárdenas, las cooperativas agrícolas, ganaderas, pesqueras y  de consumo. Amablemente me regaló copias de su periódico “La Presencia de Vícam”. Al profesor Santos García Wikit, en el mercado municipal  donde me obsequió varias de sus fantásticas leyendas que leí en el Café Lichas.

 Al amable y  amigable señor Edward Spicer lo conocí en Tucson en una de las visitas a la biblioteca de la Universidad de Arizona para documentarme, debido a que  en sus estantes estaban las mejores investigaciones realizadas por muchos autores norteamericanos que  traduje  al español.

 Un día, una amiga me invitó a una conferencia del señor Spicer  donde platiqué con él y le solicité ser mi asesor en los aspectos culturales de los yaquis en  mi tesis de arquitecto. Con agrado  aceptó porque para él sería un honor asesorar a un pasante de arquitecto de la Universidad de Guadalajara, por el intercambio académico y el prestigio que tenia la universidad.

 Dos veces lo consulté en su oficina del Departamento de Antropología y una en su casa; me sugirió una visita al pueblo yaqui  de Pascua en Tucson y a otros asentamientos en Phoenix, Arizona,  porque muchos de los yaquis pacíficos emigraron para establecerse como comunidad indígena en Arizona.

Desde Guadalajara tuve que visitar el Museo de Antropología para seguir indagando sobre el tema, comprar las cartas aéreas de la Secretaria de la Presidencia, toda una novedad para efectuar diseños territoriales y urbanos y de paso comprar libros en las famosas librerías de segunda mano en el centro histórico del Distrito Federal. Saborear un suculento café con leche de los restaurantes chinos.

 Puedo mencionar con orgullo que fui el primer arquitecto en México que  convivió con la tribu yaqui para  estudiar su medio ambiente y su cultura,  la arquitectura religiosa, la vivienda habitacional y ceremonial y los aspectos socio económicos y políticos desde el siglo III de nuestra era hasta el año de 1976 para  planificar  a los 8 Pueblos Yaquis   hasta el año 2000.

 Lo único que me rechazaron fue el primer plano de las colindancias del territorio restituido por los decretos del general Lázaro Cárdenas en 1937-1940: “No son los limites del territorio por el cual esta Tribu Yaqui aceptó la paz con el gobierno”, me indicaron enérgicamente, cuando se los mostré en Vícam Pueblo, para luego acordar enseñarme los puntos limitantes que los más “antiguos”  y monolingües memorizaron  los limites sur y oeste, de la isla de Lobos y litoral del Golfo de California.

 Enfrente de ellos los corregí y regresé a la universidad para graficar  los planos  definitivos en las cartas aéreas para concluir mi tesis profesional.

A los yaquis, a pesar de su divisionismo  les planifiqué su territorio con zonas de conservación ecológica, campos agrícolas conforme a sus derechos al agua y en factibles para uso ganadero y pesquero; les respeté sus espacios sagrados en sus asentamientos tradicionales,  les obsequié un proyecto de remodelación del bellísimo templo neoclásico  de Vícam Pueblo.

Basado en la Constitución Política de México; los constituí en el primer municipio indígena autónomo yaqui como garantía. Les respeté su derecho a su autodeterminación y autoafirmación como pueblo indígena dentro de su cultura tradicional junto a soluciones sociales, económicas y de conservación arquitectónicas de sus bellas ramadas tradicionales para no encajarlos  en  las nefastas casas de interés social.  Una vez con el titulo de Arquitecto en mano, en la Comunila de Vícam Pueblo, reuní a los 8 Pueblos para entregarles copias del libro y las 70 láminas de los planos y proyectos  dibujados  a la tinta china y muchas fotografías artísticas.

 En Tucson, grande fue la sorpresa del señor Spicer cuando le puse mi libro autografiado en sus manos agradeciéndole sus asesorías; lo hojeó con mucho interés y lo mostraba con satisfacción durante una cena en su residencia, ya que me permitió convivir con su familia durante el fin de semana. Meses después recibí una afable carta de él, informándome: “Mister Sánchez: Los planteamientos hechos en su tesis profesional y aceptados por la Tribu Yaqui directamente, era el único modo honesto y sincero para solucionar la problemática global del yaqui”. Años después supe de su muy sentida muerte en la Universidad de Arizona.

 Con esta tesis solicité  en el Departamento de Urbanismo  un beca para una Maestría en urbanismo y me fui a la Universidad de Washington en Seattle. El director me la negó por mencionar que el capitalismo e imperialismo de su país,  el mexicano y el sonorense explotaron a la Tribu Yaqui , los oprimieron y los discriminaron  social, económica y políticamente, les usufructuaron su territorio por medio de una guerra atroz y salvaje de exterminio y deportación a Yucatán y a Oaxaca.

 Ellos, por ser una Nación libre yaqui, defendieron sus tierras, porque no necesitan que se les dé lo que por derecho natural, hereditario y legal les pertenece.  El comandante Marcos y el obispo Samuel Ruiz, 17 años después sostienen la teoría de los municipios autónomos en Oaxaca y la Tribu Yaqui sigue inmersa en su lucha por su territorio y costumbres y su servidor quiso ser parte  integrante del Museo de los Yaquis en Cócorit para compartir la experiencia adquirida en esta cultura que el folclor cajemense proclama como sus raíces culturales para fines turísticos, pero no mostrarón interes los encargados de la cultura en Cajeme. ¡Lastima! 

Pie de foto: Un día en la vida de los yaquis de Vícam Pueblo, río Yaqui, Sonora. Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.

 Francisco Sánchez López: Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, cronista y crítico de arte para el periódico El Diario del Yaqui de Ciudad Obregón, Sonora, Mx.

 

Crónicas de un arquitecto de Cajeme: Frijoles refritos en Washignton,

Escrito por arkisanchez 17-08-2007 en General. Comentarios (0)

  Estimados bloggers: otra vez más  en la  web on subiendo para ustedes crónicas culturales de Sonora, cuando de estudiante universitario visitamos a otras universidades en los Estados Unidos de América. Donde los frijoles son parte de nuestra cultura muy mexicana.

 

No cabe duda que la última semana del mes de julio fue muy placentera por la baja intensidad del calor, la humedad provocando sudor limpia poros, días de armoniosas   nubes con matices anaranjadas  y la lluvia refrescando el medio ambiente  para gozar la panorámica nocturnal de la luna llena en nuestro maravilloso desértico hábitat. ¡Único en el mundo por su hermosura!.

 

Uno de mis sitios urbanos favoritos es la plaza Álvaro Obregón en el centro histórico de nuestra incubadora ciudad, a pesar de que su  magnífica fuente está en deplorable estado de conservación: Los tres pilares tricolores con aplanados desprendidos y dañados por salitre y la humedad del agua enlamada y sucia; su Pérgola llena de basura y tierra. Espacio ajardinado  que gozo durante  una tarde dominical, con reminiscencias de la pintura “Un domingo en la Alameda”,  mientras me siento en una de sus bancas bajo la sombra de un árbol yucateco podado para leer este suplemento o algún libro prestado por la Biblioteca Pública, frente a la empolvada estatua ecuestre del general invicto de la pasada  revolución armada que nos dio  el derecho a la cultura como manifestación del pueblo cajemense.

 

La posición gallarda del general constitucionalista con ambos brazos nos indica que el modelo fue antes de perder su brazo derecho cuando fue alcanzado por la esquirla de un proyectil durante los combates de Celaya. Monta su caballo parado sobre sus cuatro patas  mostrándonos que no murió en combate, conforme el  lenguaje escultórico. El pedestal, recubierto con loseta de polvo de cantera rojiza, muy feo por cierto,  no va de acuerdo a la calidad del personaje; estatua urbana que se torna un tanto ridícula y cómica cuando un solitario palomo se posa sobre la cabeza  manchando la pátina del bronce  con excremento, minutos antes, casi  al atardecer.

 

Esta bella  plaza de apariencia  vacía es  visitada por parejas de enamorados y  familias de  turistas para fotografiar y dejar jugar a sus niños; uno que otro indigente pidiendo una moneda; usuarios esperando el camión a Cócorit;  automovilistas descansando en las bancas mientras les lavan su carro; fieles caminando a misa en Catedral; edificios públicos cerrados y el domingo pasado observé un extraordinario  suceso que rompió con la monotonía:  Una bella jovencita  vestida con camiseta blanca y shorts de mezclilla con una larga cabellera hasta la cintura,  pintada de color azul, miraba taciturnamente  las plantas circundantes al pedestal del reloj, sentada en un cajete de cemento bajo la sombra de un yucateco, porque las bancas estaban mojadas. Fue como si estuviera parado frente a una escena impresionista francesa.

 

Un par de nubes al oriente de la ciudad me trajeron recuerdos universitarios muy placenteros por la comicidad de los eventos en Bellingham, Washington, donde fui profesor de español avanzado; estudié la técnica de la acuarela tradicional y abstracta;  conviví socialmente con muchos facultativos y estudiantes ya que mi novia estudiaba antropología y español, disfrutamos muchas fiestas los fines de semana donde cada uno de los invitados traía algo de comer y beber para compartir con el resto.

 

Como  no  era muy diestro en la cocina mexicana porque nunca he cocinado, preparaba sabrosísimos frijoles refritos con grasa de chorizo de puerco acompañado con tortillas de maíz tipo Taco Bell; Teresa, mi pareja,  horneaba pays  de frambuesa  azul que recogíamos en los bosques cercanos a la frontera  canadiense mientras acampábamos en la playa de un arroyo esperando la aparición del venado mágico, o preocupados por el ataque nocturno de algún oso negro o lobos, ya que estábamos invadiendo su territorio.

 

Pasaron muchas fiestas y  varios kilos de frijoles cocinados, cuando un día, ella llegó al departamento muy seria como ocultando algo, sus bellos ojos azules me indicaba su preocupación y mientras estábamos en la recamara, le pregunté el motivo de su humor, después de varios segundos, me indicó:

“¡Darling! (cariño), no te vayas a disgustar pero  todos los estudiantes, maestros y amistades, me ha pedido que te diga el clamor de todos: ¡No traigas tus méndigos  frijoles refritos, por favor!”.

 

Un tanto confuso por la certeza de la petición, al inquirir  que si era por falta de un sazón más mexicano, la razón del rechazo a mis exquisitos frijoles gourmeteros callejeros  copiados de las señoras  taqueras  del templo y barrio de Mexicaltzingo, en Guadalajara,  me  indicó con  suavidad  y romanticismo:

 “¡Oh, no, cariño! La razón es que todos en la universidad traen una pedorrera   que no los deja trabajar, asistir a clases, estudiar ni dormir...”.

Creo que ambos nos reímos a carcajadas toda la noche por la ocurrencia de mis alumnos y amigos exteriorizada en una forma  femenina y  afectuosa  para no lastimar mi sensibilidad y  resaltar lo “macho mexicano”.

 

La mejor amiga de mi novia, un portento de mujer alta anglosajona muy guapa y su novio de tipo deportista de Nueva York, vinieron al departamento para festejar el veintiún aniversario de ella con una buena cena y noche mexicana, aprovechando el enamoramiento de su mejor amiga con un arquitecto mexicano porque ambos estudiaban español y deseaban conocer más la cultura de México: La ruta hippie del arte, el movimiento artístico de las zonas rosas de la Ciudad de México y Guadalajara; la cultura  yaqui en relación a Juan Matus, el brujo de Sonora, en los libros de Carlos Castaneda, degustar  tequila con limón y sal, escuchar música de mariachi y  saborear antojitos mexicanos que preparamos para la ocasión: Tacos dorados y tostadas  con frijoles aguados con  carne deshebrada y trocitos de papa, guacamole con salsa mexicana, chiles jalapeños y  mis famoso frijoles refritos con chorizo.

La noche fue una amena festividad con chistes, risas y regalos   hasta que fue la hora de irse a dormir; ellos en una recamara separada del baño y nosotros en la nuestra, en menos de media hora pasó lo inesperado: El ir y venir entre la cama y el sanitario, iniciando ella el recorrerlo porque se le soltó el estómago por la diarrea, seguido por él en la misma condición, pasándose toda la noche en este viaje porque a ella le daba pena peerse  enfrente, abajo o arriba del novio.

Cuando escuche la versión de la mejor amiga: --¡Fueron los frijoles refritos, que Francisco cocinó a propósito para arruinarnos la noche de amor por ser él, el macho de esta casa según la cultura mexicana!--. Ambos nos reímos a carcajadas casi toda la tarde del domingo lluvioso y frío.

 

 

Pie de foto: Mi bella y amada musa: ¿Cómo olvidar  aquellos exquisitos  frijoles cocinado con  tanto amor? Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.

 

 Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, escritor, conista y crítico de arte en el periodico El Diario del Yaqui, de Ciudad Obregón, Sonora. Mx.

 

 

 

 

Cronicas de las maravillas de Cajeme.

Escrito por arkisanchez 02-08-2007 en General. Comentarios (0)

Crónicas cotidianas de Cajeme.

 

Estimados bloggers: otra vez más en la web subiendo estas crónicas  culturales y del arte en Ciudad Obregon, donde  está de moda eso de elegir las  “Maravillas” de nuestra aldea.  Una de ellas viene a mi mente: Las esculturas monumentales de Cócorit que podrían ser si aprovechamos los viejos álamos  secos como esculturas naturales pintadas con los cuatro colores de las pitahayas a lo largo del paseo Alameda o calzada Antonio Valdez Herrera.

Espero propuestas que ustede puedan enviar, ahora que están tan lejos del lugar de su nacencia.

 

El  pasado lunes nublado  y lluvioso fue placentero para el espíritu porque motivó  la creatividad plástica para bocetear el fantástico cielo sonorense repleto de nubes blancas  grisáceas en movimiento para pintarlas en un hiperrealismo no visto en el arte cajemense. Sí, este arte que será exhibido próximamente en el Distrito Federal como muestra de la cultural artística de Sonora para la colonia de sonorenses radicados en esa macro urbe de miedo, donde se construirá el edificio más alto de toda la América Latina, superando a la torre de Hermosillo y a la nueva horrenda  construcción de nuestra Wall Street sobre la avenida Miguel Alemán y área de las franquicias para las y los cibernautas adoradores de marcas de prestigio en nuestro sueño cajemense.

Días nublados  que inspiran   a la lectura y a la  escritura para  redactar estas “Crónicas de Arte” del mundo de las galerías y  festivales culturales de nuestra centenaria ciudad que omitió celebrar sus primeros cien años de vida, tal vez por las incongruencias  de  sus primeros 22 años de historia, (1906 a 1928): La de ser una congregación alrededor de la estación del tren sud Pacifico México para pasar a una congregación y comisaría de la otrora Municipalidad  de Cócorit y   llegar a ser  el pueblo de Cajeme, Río Yaqui y terminar con la categoría de “Ciudad”, por decreto estatal, con el nombre de Ciudad Obregón para honrar al general constitucionalista Álvaro Obregón, Presidente de México e impulsor de la agricultura capitalista  de exportación del Nuevo Valle de Carlos Conant Maldonado a pesar del infortunio de la tribu yaqui defendida por su jefe de armas,  José María Leyva “Cajeme”.

¡Somos la única ciudad en el mundo!  Que cuando la estipularon como tal, su plano urbano consistía en una estación de tren con un camino de herradura a Cócorit transformado en calle  con tres  brechas perpendiculares a ella donde se edificaron escasas treinta chinames, casas y casetas de madera, almacenes y molinos para el comercio y esparcimiento de los 450 habitantes nacionales  y 79 extranjeros avecindados que controlaban la explotación agrícola en la llanura costera de rápido  desmonte para construir  canales de irrigación y  campos de cultivo en los terrenos de la tribu yaqui diezmada y pobre por la hambruna provocada por la guerra de extermino  porfirista e  incrementada en los años post revolucionarios por sus re invicadores. Ahora,  como tributo a tan cruel ironía,  queremos rescatar su cultura  para tener un folclor histórico para estar acorde con el programa cultural de las Naciones Unidas, el cual, democráticamente nos permite discernir sobre el reciente Consejo Ciudadano Municipal y su imparcialidad a la hora de decidir la aprobación de los proyectos artísticos y culturales viables y propicios para el desarrollo del intelecto cajemense que no ha superado su gusto por la  tradicional cultura arrachera que orgullosamente mostramos al turismo estadounidense de la cultura western de Arizona que para las metrópolis y universidades liberales gringas son la versión ranchera del American way of life apreciado por el sonorense en sus viajes a Tucson.

El otro día, al estar observando una fotografía periodística, me indigné por su contenido realista: Un niño africano desnudo con el estómago hinchado por  la desnutrición y hambruna e  hincado sobre sus rodillas y  medio acostado sobre sus piernas con la cabeza pegada al suelo esperando su inminente muerte. A unos escasos tres pasos detrás del moribundo niño, un buitre paciente por lo inevitable espera su deceso para devorarlo picoteándole los ojos primero.

Tétrica y repugnante  escena del teatro del absurdo donde todos somos actores; reprobable por el dolo de esta cotidianidad de la guerra civil contra las tribus nativas de África orígenes de nuestros ancestros donde bajaron de los árboles para evolucionar hasta llegar  al homo sapiens sonorensis de hoy. Escena de muerte que me motivo a meditar sobre el lujo y el clamor de las religiones que  sacrifican a inocentes en nombre de su dios para la explotación de la naturaleza, del ser humano y las minas de  diamantes. Me recordó a la niñez hambrienta y  harapienta yaqui en la masacre del Fuerte  Buatachive y del cerro de Masocoba del siglo pasado en Sonora y mejor dejé de observar la fotografía optando por buscar en mi biblioteca  libros para leer sobre  la plasticidad de la arquitectura maya de Yucatán, ahora que está de moda la pirámide de Chichen Itzá como la nueva “Maravilla del Mundo”,  mi tesis sobre la tribu yaqui, a mi escritor favorito Federico Nietzche y algo de la filosofía existencialista de Alberto Camus y Jean Paul Sastré para mitigar el dolor producido en mi sensibilidad e intuición.

Esa misma noche, levanté la mirada al cielo para ver la luna en su cuarto menguante cubierta de nubes movibles para presenciar desde el cobijo de una palmera, una acontecer cotidiano nocturno en el paseo Miravalle de nuestra globalizada ciudad: Una señora de edad avanzada vestida con una falda larga y  blusa gruesa de color gris negrusco  caminando por la calle empujando una carreola  acondicionada para llevar sacos llenos de latas de aluminio que los ebrios tiran sin consideración en las banquetas de los vecinos. Justo en la bocacalle del paseo Valle Hermoso, al sur de la carretera a Navojoa, de la esquina sale  a su encuentro, con extrema precaución, un perro callejero de raza pelo corto sonorense de color café; la observa a distancia ladrándole mientras ella camina por la calle en inmutablemente silencio. Al aproximarse, el perro deja de ladrar para aullar dolosamente levantando la cara,  estirando el cuello  mirando al cielo  espantado por la visión de la pobre señora, victima de la sociedad; el perro continua aullando por unos minutos alejándose unos metros del lugar, se para de nuevo  para volver  a aullar hasta retirarse caminando con la cola parada y dar vuelta en la esquina olfateando su mundo de olores para desaparecer dejando a muchos  vecinos con la piel de gallina por el susto de los aullidos de ultratumba  después de la media noche, el sonido chillante de las ruedas del carrito y el ruido producido al apachurrar los botes de cerveza sobre el pavimento.

Francisco Sánchez

Arquitecto, fotògrafo, artista del arte del realismo mágico,ecologista protector de ballenas y delfines en el mar de Cortés, escritor de guias turísticas y crónicas de arte y cultura, Critica de arte en el suplemento Quehacer Cultural del periódico el Diario del Yaqui.