Estimados boggers: Saludos cordiales de nuevo subo a esta bitácora periodistica una colaborción más para que la leean todos ustedes que andan fuera del terruó sonorense y por el mundo capitalista o comuista.
Es sobre que en Sonora todo sigue igual en está democracia ficticia, pues aunque hay una ley de cultura, las personas que nos representan son las mismas oficialistas, politicos, cultureros con intereses de sus organizaciones y creo no habrá imparcialidad en los proyectos y la calidad y tipo de cultura que los sonorenses queremos.
Para sensibilizarse con el estilo naturalista en la plástica sonorense, tendencia que muy pocos artistas jóvenes y consagrados han logrado captar en todo su esplendor, hay que observar maravillado el cielo de Cajeme por el lado oriente hacia la sierra Oscura, después de un caluroso día con 44 grados centígrados de temperatura ambiental típica de nuestro fabuloso hábitat durante la estación de verano, que nos otorga sensaciones corporales por el calor con mucho sudor y emocionales porque el horizonte con su sinfonía de nubes blancas de magníficas formas amorfas o como motas de algodonero en flor con un toque desértico muy especial nos ofrece un matiz anaranjado-rojizo de los rayos del sol cubriendo a las nubes cúmulos al atardecer de ensueño que compensa por su belleza, los calurosos días veraniegos en nuestra inalámbrica ciudad. ¡Qué maravilla de paisaje! En verdad lo comento porque voy en busca de una estética del desierto de Sonora para que las próximas generaciones de artistas plásticos incluyan dentro de su iconografía el paisaje sonorense que es, parar muchos de nosotros, un poema de sensibilidad no escrito por las musas de la Pusolana ni por la cibernética actual.
El arte es una manifestación cultural que proviene desde los artistas del arte rupestre del periodo neolítico para pasar a la generaciones de Ostimuri que nos precedieron y evolucionaron hasta llegar a la creación del cajemense; mezcla de culturas anglosajonas con mexicanos del sur del País asentadas en tierra yaqui.
Dentro de esta muy especial estilo Kitsch, que se caracteriza por “El arte de que todo siga igual” en lo cotidiano de nuestro existir como municipio autónomo de reciente formación, porque es desilusionante ver las fotografías de los miembros del Consejo Ciudadano Municipal para la Cultura y las Artes, porque en su versión Light son los mismos actores políticos y cultureros que brincan de una duna de la isla Huivulai a la margen derecha del río Yaqui y a la fuente de la plaza Álvaro Obregón para pasar por los diferentes patronatos universitarios y educativos, políticos y de la sociedad civil como si no hubiera otra oferta ciudadana más para calificar, dictaminar y decidir los proyectos y programas culturales, los cuales, en muchos de casos, no son parte de la cultura de calidad que queremos los sonorenses más allá de la cultura arrachera al ritmo de la tambora sinaloense y cubano o escenografías del teatro ranchero del río Sonora.
La cultura no es una dádiva del partido o de un grupo económico para la sociedad; la cultura es una garantía individual que todos debemos de gozar, opinar y decidir en todas sus manifestaciones del espíritu y del raciocinio que la conforman, pero aquí, en muchos de los casos, tenemos una apatía casi enfermiza por la premisa generalizada, socialmente aceptable y externada de que --En Cajeme no tenemos cultura--. Errónea famosa frase porque si tenemos, sólo que ésta, está férreamente controlada por las generaciones de cajemenses posteriores al programa cultural de la Revolución Mexicana y de José Vasconcelos en México. “El arte de que todo siga igual” es parte de la idiosincrasia de cajemense que ni las generaciones virtuales webonianas con toda la tecnología soft ware del Cajeme del futuro cambiará porque todo está ya preconcebido por el proyecto Tucson de antaño para Sonora.
Muy atrayente desde el punto de vista de la plástica está la exposición de 42 grabados a color y blanco y negro “Gráfica-Contrastes”, en la galería de arte Casa Rosalva del centro histórico cajemense, por las dos propuestas exhibidas en una aceptable curaduría de la exposición que jugó con la volumetría rectangular de los cuadros en los dos espacios de esta casona remodelada.
Una, es la muestra de una parte de la colección de grabados de 14 artistas nacionales que el Instituto de las Bellas Artes otorgó a esta institución como colección particular e itinerante para el goce de todos las y los sonorenses. ¡Loable acción!
Grabados anteriormente exhibidos, de los cuales, me gustaron: “¿Quién Será?”, de Sergio Vargas Rodríguez, “Lluvia”, de Adolfo Guillermo Anaya Ruiz, “La acusada de robar la Terafín”, por Rafael Cauduro, el “Tríptico”, de Irina Messianu, “Para qué dormir”, por José Antonio Yarza Piña, “Minotauro”, de Rubén Salas Romero y “Ven, ¡Oh noche, y ahógame en ti!” por Ana Laura Gonzáles Herrera. Los más feos son las tres “Venus” por Miguel Ledesma Campos, que me recordaron a la Venus de Willendorf del arte arcaico.
La otra es, la obra de tres creadores plásticos que radican en Cajeme y hoy se les otorgó esta nada despreciable oportunidad para mostrar sus graficas en varias técnicas y mixtas que identifica el grabado moderno.
Como todos ustedes saben, siempre realizo una crónica y la critica a las obras expuestas basado en los principios de los valores artísticos y estéticos que toda obra debe tener para lograr un valor galería y de museo para los coleccionistas que adquieren grabados que no son de mi predilección.
Me da gusto el ver que la pintora Irma Estela Arballo Valencia, se está cotizando en este difícil medio, porque es constante en su producción de grabados con llamativos colores y está logrando formas libres pero equilibradas al combinar los efectos de las variadas tintas y texturas de otros objetos pasados por el rodillo y prensa para lograr estos magníficas gráficas que tienen composición, ritmo, armonía y técnica: Lo mejor de la belleza arballana son: “Ventana al mundo”, “Camino a casa” del 2007, “Imnosis” y “Camino a casa VI”.
De los seis grabados de Ernesto Ceceña Ivich, me gustaron: “La espera”, “Sin titulo”, “Injusticia” y “Sin titulo, 2000”, porque tienen muy buen dibujo para expresar un figurativismo abstracto, poco visto en la plástica cajemense, en blanco y negro con armonía, ritmo, composición, dominio de la técnica, y con influencias de los pintores posteriores de la Ruptura, grabados que transportan a la belleza ceceñana adquirida tal vez en Europa.
Del artista cajemense y maestro de arte del ITSON, Ramón Mora Briceño, puedo opinar que a pesar de su formato pequeño logró interesantes formas libres no dibujadas con una técnica que combina lo tradicional y la computadora, tienen sus grabados composición y un colorido opaco un tanto conservador. Me gustaron: “La caída”, “Ella y yo”, “Expansión”, “Uno de mis laberintos” y “La caída”, pero siento cierta timidez en esta creaciones conservadoras faltándoles un toque de belleza en sus matices para sentir la lindeza moranciana.
Los invito, pues, a ver estos grabados.
Estimados (as) bloggers: con mucho gusto subo este artículo sobre el pueblo de Cocorít, Sonora para el deleite de todos ustedes que viven afuera del estado de Sonora y por razones del destino curuel, no puede gozar de ellas, pero no les impide el leerlas en este mi blog periodístico.
Si tienes alguna anécdota sobre aparecidos o tesoros o personajes de este pueblo y de Esperanza, por favor enivame los comentarios para luego yo ir a verlas.
Mis crónicas culturales de Cócorit
Muy agradable fue turistear por Cócorit, uno de mis pueblos preferidos durante la pasada tarde dominical porque desde la ventana del camión folclórico por su decorado interior en ruta entre nuestra ciudad Wi-Fi y el pueblo de Esperanza, observé con un sentimiento de goce interno un inusual horizonte oriental hacia El Oviachic con el cielo encapotado de color negruzco anunciando la lluvia de verano sobre la sierra Madre Occidental y en primer plano, las arboledas con dos tonalidades opuestas pero hermosas: Un verde brillante y luminosidad blanca en el lado del sol y en el lado contrario un verde grisáceo. ¡Qué belleza de paisaje poco aprovechado en el arte cajemense y la publicidad turística!
Al llegar a la centenaria Comisaría de Esperanza, sucedió algo fantasioso pero no sublimal: Una llovizna de gruesas gotas con sol antes del atardecer sobre la plaza que me hizo recordar la vernácula creencia de --Cuando llueve con sol, nace un venadito mágico en algún recóndito paraje de la sierra del Bacatete--. Continuè el recorrido hacia la tierra ancestral yaqui por la Alameda donde un cartel publicitario de la Sonora de las Oportunidades con las etnias sonorenses se observa al gobernador sonriente acompañado por indígenas seris.
¡Increíble! Pensé, pero más grande fue mi sorpresa al ver que algunos de los bellísimos álamos viejos están siendo cortados por la viciada costumbre gringo- sonorense de destruir todo en pos de la modernidad. Idea errónea que no comparto por ser ecologista cuando puede haber otras versiones del uso de estos árboles secos por falta de agua.
Por tal motivo he decidido compartir con ustedes mi proyecto de “Conservación de los Álamos secos para su re uso como Esculturas Monumentales Naturales”, que se puede realizar en dos opciones, una, al natural terminado barniz y la otra, con tonalidades de las bugambilias o las blanco, anaranjado, rojo y púrpura de las pitahayas. Esculturas monumentales que serán únicas en el mundo y más hermosas que las figuras del escultor Sebastián.
Para completar este plan de una visión medio ambientalista, cultural y artístico para esta bella Alameda o calzada Antonio Valdez Herrera que he transitado medio siglo, es necesario remozar y ambientar el derecho de vía de esta calzada otorgándole áreas verdes con plantas de flores silvestres y demás vegetación endémica de la región, rocas grandes como decoración, pero no como el diluvio de piedras sobre el camellón de la carretera de cuatro carriles, incluyéndole una pista de tierra para caminatas o andar en bicicleta.
Es necesario también remozar la plaza Ignacio Zaragoza plantando rosales como los de antes. Al kiosco hay que otorgarle un mural pintado por el maestro Arteche y los espacios cercanos a la cancha, utilizarlos como jardín de esculturas con los troncos y ramas de los álamos cortados y tirados a lo largo de la calzada para que escultores regionales creen obras plásticas de formas contemporáneas o de cuerpo entero de los y las personas distinguidas de Cócorit.
Proyecto que iba a presentar en el pasado Foro de Consulta para la Cultura y las Artes, pero por la pobreza de las propuestas opté por no exhibirlo.
Al ritmo de la banda sinaloense interpretando el corrido de San Juan, --Himno de la feria de este Santo-- y con un paseo de la afable y bella Reina Cultural “Coco” Quiroz vestida con traje típico negro montando un caballo azabache concluyó el Festival Cultural de San Juan.
Original fiesta vernácula del pueblo sonorense que a pesar de la leve llovizna se llevó a cabo en la calle Escobedo frente a las ruinas de una casona del centro cultural, donde se ubicó original templete formado por una batanga decorada con pacas de alfalfa y flores de papel, en el cual, la niña Jessica Vea Alcántar amenizó la fiesta ante un público respetuoso.
Su majestad la reina y la comisaria María Elena Moreno Apodaca sentadas en sillones de madera de Fundición, presenciaron y premiaron a los ganadores de los diferentes juegos pueblerinos, como el Juego de las Argollas, iniciado con una hora de retrazo, en el que unos quince jinetes a caballo y con una punta de madera pequeña en mano compitieron entre sí insertándola en diminuta argolla decorada amarrada a una reata que cruzaba la calle. El primer lugar lo ganó don “Cuco” con cinco argollas insertadas, pero el más popular fue el niño apodado “Cuchuli” que no logró nada. Le siguió el juego del Gallo Enterrado que no se efectuó porque no hubo concursantes montados en sus corceles que en plena carrera tenían que agacharse para agarrar la cabeza del gallo enterrado en la tierra, varias gentes pidieron que fueran bicicletistas los concursantes pero no prosperó. Le continuo el juego del Cochi Encebado que no supe quien se quedó con el premio porque salió corriendo por entre los carros, la caballada y perseguido por docenas de chamacos en alegre algarabía, prosiguiendo con el juego del Palo Encebado ganado por intrépido joven que logró subir hasta la punta del palo para conseguir el premio, pero el concurso más esperado por las damas presentes fue el de la tortilla de harina sobaquera más grande del pueblo que no se realizó por motivos que no indagué.
Cómo no había visto estos juegos le pregunté al señor Alejandro Castelo Medina su interpretación, señalándome: “Son juegos antiguos que hoy celebramos para rescatar las costumbres del cocoreño de a caballo durante la tradicional Feria de San Juan de los años 1960”. Como buen conversador que es me otorgó veraz información histórica vernácula sobre su adorado pueblo que amplió mis conocimientos, al indicarme: “Antes había una asociación de charros y en la plaza donde está le escuela primaria había un lienzo donde se hacían jaripeos”.
La famosa belleza de la mujer cocoreña fue representada por la Reina “Coco” Quiroz y a las embajadoras Angélica Murrieta Gutiérrez, Rosario Zamudio Valenzuela vestidas de vaqueras; Mayra Guadalupe Félix Mendoza y Loren Hernández García portando trajes típicos mexicanos.
La noche concluyó con el espectáculo de los caballos bailadores: Un moro tordillo montado por el “Cuate” Alejandro Valenzuela, la jinete Milagros sobre el caballo “Satán”, un pura sangre de color negro de Holanda y Ramón Cabral del rancho “El topo”.
Francisco Sánchez L.
Arquitecto, fotógrafo, Artista del arte del realismo mágico, ecolgista protector de ballenas en el mar de Cortés, cronista y critico de arte en suplemento Quehacer Cultural del periodico Diario del Yaqui, de Cd. Obregón, Sonora.
Mis crónicas culturales de Cócorit
Durante formidables atardeceres rojizos con poliformes nubes blanco-grisáceas del verano sonorense, se llevaron a cabo tres festejos pueblerinos con sabor sonorense para conmemorar el día de San Juan en Cócorit, Santo muy venerado en la Sonora rural y resto del País, de los cuales, solo asistí a dos: Uno, la fiesta religiosa tradicional yaqui del Día de San Juan, en el barrio de El Conti con marcado fervor y devoción religiosa por un pueblo que no olvida sus costumbres. El otro, la famosa Feria de San Juan de Cócorit, con formidables bailes populares amenizados con música de banda sinaloense, a la par, con el primer Festival Cultural San Juan Cócorit, 2007, en la plaza Ignacio Zaragoza.
En el templo del Espíritu Santo de El Conti, los yaquis iniciaron su fiesta religiosa para venerar al Santo San Juan Bautista con la “Víspera”, en la noche del 23 de junio, bailándole las danzas de los matachines en el interior y en una ramada ceremonial, la danzas del venado y pajkola, hasta el amanecer del día 24 de junio para concluirla con “Sacar” al santo del templo y darle su acostumbrada “Bañada” en el canal Porfirio Díaz, según la tradición enseñada por los jesuitas. Esta fiesta tiene su origen antes de la ocupación del pueblo de Cócorit por la población yori en la década de 1890, pero, con la firma de un tratado de paz entre los yaquis y el gobierno federal, las familias que no emigraron a la Loma de Guamúchil, fundaron este barrio conservando la tradición religiosa antigua festejando al Santo en una enramada en lo que hoy es parte de la plaza.
En 1962, la Cámara Junior de Cócorit tomo la fiesta yaqui para organizar la Feria de San Juan en la plaza, conservando la festividad yaqui e introduciendo los bailes y otros eventos de feria, por alguna razón, los yaquis, en 1973, suspendieron su tradicional peregrinación desde el templo de El Conti a la parroquia de Nuestra Señora Virgen de Guadalupe, frente a la plaza de Cócorit.
“Hay que rescatar la fiesta religiosa yaqui y la peregrinación a la parroquia como parte de los festejos en este año”, le sugerí a la regidora Ana Limón, durante una plática en la Peña Cultural.
¡Tam, tam tam, tam! Redoblaba el tambor de cuero de venado en la puerta del templo del Espíritu Santo de El Conti, anunciando al pueblo el inicio de la peregrinación del Santo San Juan Bautista, me estremeció el rítmico sonido al entrar al interior del templo hasta el altar que tenía dos imágenes de San Juan, esperé que una pareja joven con niño en los brazos se persignaran, los imité con mucho respeto, tocando los hombros y la cabeza del Santo, me santigüé y dejé una propina para luego salir del lugar e ir a una enramada-cocina donde una docena de señoras preparaban wakabaki, frijoles muni, menudo y tortillas de harina. Las saludé y les pedí una, me la regalaron con una taza de café, mientras les preguntaba: --¿Cuál de los dos Santo San Juan en el altar era el bueno: La de arriba o la de abajo?--. La señora de más edad me albureó exclamando una frase en su idioma que no entendí, pero causo mucha risa entre todas ellas, ante mi curiosidad, la encargada del templo, me explicó el albur: “Pos el de abajo...”, contestó, causándome risa y carcajadas por el buen humor yaqui.
La procesión se inició frente al altar; los matachines bailando ante una jovencita abanderada que ondeaba una bandera roja, un señor que cargaba la imagen del Santo San Juan y varias mujeres asistentes, salimos del templo caminando al ritmo de violín y guitarra marcando el paso de los matachines con maracas cruzando la explanada hasta las tres cruces y tomar la calle principal hasta el puente sobre el canal Porfirio Díaz y proseguir por una céntrica calle y llegar a la parroquia de Nuestra Señora Virgen de Guadalupe, donde entramos hasta postrarnos ante el altar donde el sacerdote bendijo al Santo e integrantes de la procesión.
¡Extraordinario éxito! Obtuvo el primer Festival Cultural San Juan Cócorit, 2007, iniciado el viernes por la tarde con un singular desfile de diez carretas decoradas con flores llevando consigo a las Reinas de la Feria y del Festival quienes alegremente saludaban a su pueblo que abarrotó las banquetas para verlas pasar, desde la Alameda hasta El Conti y de regreso al centro histórico donde los sanqueros y el grupo Bola de Ruido, al compás de la canción “El Maicero”, los esperaban para integrarse al mismo y deambular por las calles hasta la plaza, mientras que en la biblioteca, la licenciada Trinidad Ruiz, dictaba una conferencia sobre las etnias sonorenses ante unas diez personas.
El grupo Instintos Danza abrió el festival con la obra “Raices”, de danza contemporánea con fragmentos de poéticos de Santos Garcia Wikit y de la poetisa Irma Arana. Le siguió el protocolo de la inauguración oficial por la autoridad municipal, quien exclamó: “Vamos a recatar las plazas y los espacios históricos culturales para sentirnos orgullosos de Cócorit y llevar la dignidad de los cajemenses… Gracias mi amor, por acompañarme a este festival, le indicó a su esposa”. --¡Cócorit, eternamente, Cócorit!,--, el grupo Alma de Cuba cantaron y nos brindaron un repertorio musical hasta que la primera lluvia del verano llegó provocando una correría de los asistentes y exponentes.
La obra de teatro “El Che: El ángel de voz dura”, por la compañía de teatro Delta, de Sinaloa y la trova del hermosillense Gerardo Peña, no me gustaron por aburridos y opino que no es lugar propicio para este guerrillero. Los festejos del domingo se iniciaron con un buen concierto de rock and roll, por la banda Neutral, seguidos por el grupo de danza folclórica Yome, del CBTA 38, del Tobarito, Bruno Pablos declamando, “Las mañanitas” y ¡Arriba Cócorit Lindo! Por el grupo Khenany y concluyó el festejo con Virulo y sus humoristas.
Los Artistas Libres de Cajeme y la Asociación de Artistas Plásticos del Sur de Sonora montaron una expo venta de obras en el kiosco, la escritora Rosa Martha Pineda exhibió libros de escritores regionales, hubo oferta turística y educativa por las universidades locales, talleres artísticos, una vendimia bajo las ceibas y exhibición del bacanora destilado en Tesopaco.
Los bailes de la Feria de San Juan estuvieron muy concurridos, la banda Laberinto atrajo a la juventud donde el atractivo visual fueron las encantadoras y bellas edecanes Karla Ruiz Rangel y Rocío Meneses Munguia.
Desde la plaza fue obvio el antagonismo entre los grupos manejaron el festival y la feria, propiciando que una de las reinas no subiera al estrado, acto bochornoso que repruebo, pues no estoy de acuerdo con las majaderías de los artistas invitados ante un público infantil porque los contaminan.
Francisco Sánchez
Arquitecto, fotógrafo, pintor del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, escritor y cronista y critico de arte para Quehacer Cultural Diario del Yaqui.