La mejor galería de arte del mundo
El cielo sonorense nos muestra todo su esplendor durante los meses de verano caluroso y ardiente que me tiene deshidratado por un golpe de calor al alcanzar altas temperaturas, pero que, días después, aminoró su intensidad cuando las fantásticas nubes grisáceas, arriba de la sierra Oscura, trajeron la refrescante lluvia para convertir a nuestra generosa ciudad en un “Temascal” urbano que no motiva a la creatividad artística. Pero eso sí, las nubes nos brindan un gran espectáculo en movimiento rítmico de espectaculares formas y colorido, el cual, me hizo pensar en la afirmación de la pintora Concepción Camarena “El goce estético está basado en la naturaleza”, durante la pasada conferencia sobre el arte Barroco en arquitectura, pintura y escultural en la galería de arte del Itson.
Nula es la actividad cultural en nuestro hábitat regional por motivos de las vacaciones de verano y el calor, tiempo que aprovechan las y los sonorenses para visitar Las Vegas, Nevada o Coronado en San Diego, California, para gozar de la brisa marina del océano Pacífico. Otros, nos refrescamos en algún paraje cercano a la presa El Oviachic, o de perdida, gozar de una tarde dominical en la plaza de Cócorit degustando un sabroso raspado de frutas bajo las sombras de la ceibas recordando el pasado histórico de la tribu yaqui y los pioneros.
Inusual fue la exposición de 12 pinturas titulada “Las drogas no son juego de niños”, por el doctor Antonio Romero Maciel en el vestíbulo de la Biblioteca Pública, frente a Catedral. La califico así porque no hubo ceremonia de inauguración y ha sido poco visitada por los cultureros y artistas plásticos locales, sin embargo, ha sido apreciada por los usuarios y socios del Video Club, en el auditorio, exhibida junto a una singular colección de viejos cartelones anunciando las películas de antaño que marcaron toda una década en el cine universal ya olvidada por casi todos nosotros.
La falta de público no desmeritó la apreciación estética de las obras expuestas por este pintor, que no he conocido en persona, y quien cuenta con buen oficio de la técnica pictórica. Motivaron mi sensibilidad las tituladas ”Adrenalina”, “Cafeína” y “Nicotina”, por su sentimental mensaje junto a las obras realistas: el paisaje con agaves tequileros, la bailarina descansando y la del escultor esculpiendo con cincel a una virgen en mármol.
Con el orgullo cajemense que nos dio fama internacional durante la época de oro del Valle del Yaqui y Mayo, me permito presentar mi obra inédita número CIEN que he publicado en Quehacer Cultural en dos años y medio de poseer la mejor Galería de Arte en todo el estado de Sonora y de México, porque entre los yucatecos y los tabachines arribó a mi existencialismo “El centímetro cúbico de suerte”, al subir la escalera de la biblioteca y conocer al escritor tapatío Ramón Iñiguez, quien me invitó a participar como colaborador en este suplemento.
Las cien obras originales del arte del realismo mágico y fotografía artística que he publicado hasta hoy, son parte de mi colección particular y venta al público que he pintado y fotografiado para la exposición “La Belleza Convulsiva”.
Me enorgullezco al mencionar que he logrado la nada despreciable cantidad de dos millones de reproducciones gráficas periodísticas de mis acuarelas, dibujos a la tinta china y fotografía que han complementado las crónicas y críticas de arte y demás colaboraciones que he narrado para ustedes en este maravilloso desierto por fantástico. ¡Todo un record regional! Logrado por un arquitecto plástico oriundo de esta virtual ciudad. Si consideramos que nadie antes ha tenido tal cantidad de reproducción gráfica de su obra en los cien años de las estaciones del ferrocarril Cajeme y de Esperanza, inclusive, en los 389 años de la fundación de las misiones de Cócorit, Bácum y Tórim por el río Yaqui.
Las cien publicaciones de mi autoría intelectual (se dice fácil, pero lograrlo es lo difícil), son una aportación a la cultura y al arte en Cajeme con la idea de motivar sus sensibilidades y apreciación por las Bellas Artes, porque aunque ustedes no lo crean, en nuestro hábitat, nació este bellísimo estilo, culto e intelectual, para pintar inspirado en la espiritualidad del arte del petroglifo de Caborca y de la pirámide de Trincheras, en Sonora, del arte rupestre de la península de la Baja California donde incluí ballenas grises, especies protegidas en México. La belleza de la costa de San Carlos y el mar de Cortés al atardecer con hermosas guardianas del otro mundo y musas en las playas de dunas de arena, al par con la danza del venado y pajkola de los yaquis, hechiceras seris y el realismo de la cultura mayo observada en Etchojoa junto el estilo colonial de Álamos con cocinas de haciendas o chinames de horcones de mezquite para su exposición como miembro de los Pintores del Festival de Álamos, Sonora.
Toda esta creatividad plástica comenzó en 1978, en una playa solitaria cercana al vado del río Yaqui en Vícam Pueblo, ominoso paisaje por la vil destrucción de la flora endémica y fauna, donde, diseñé este estilo combinando las leyendas del escritor costumbrista yaqui, profesor Santos Garcia Wikit, y las “Enseñanzas de Don Juan Matus”, curandero yaqui, en los espléndidos libros de Carlos Castañeda que marcaron toda una cultura en un espacio y tiempo ya añejos. Conceptos que yuxtapuse con los principios surrealistas del pintor André Bretón en su libro “Amor Loco”, porque al regresar de Estados Unidos, estaba estancado en el expresionismo abstracto, arte óptico, psicodélico y huichol con sus cuadros con escenas mágico religiosas de sitios sagrados en el Real del Catorce, San Luis Potosí.
Todas estas obras las publiqué para el goce estético de ustedes para que sientan por la arquitectura y el arte una pasión que es la vida. ¡En ésta, porque no hay otra! Todo esta creatividad es debido a que en marzo de 1982, comprendí que los pensamientos y la existencia de un artista no es tan efímera, porque pasa su vida expresando lo que quiere con la inspiración de su espíritu dentro de una marco de belleza, esa belleza que hechiza. Porque al no ser por ella, el sentimiento creativo quedaría en el olvido, en un doloroso olvido. ¿Qué de mi trascenderá?
Ahora que vamos a ser gobernados por una nueva administración, espero que dentro del Plan Municipal de Desarrollo, se programe la adquisición de un edificio histórico por la calle Sufragio u otro, para remodelarlo como un Museo de la Ciudad y funcione como un recinto museográfico, cultural y artístico para mostrar al mundo nuestro pasado, presente y futuro plástico y tecnológico que hemos producido como comunidad en el Centenario de Cajeme 1906-2006. Espacio de vital importancia y una necesidad urbana prioritaria para el milenio. Démosle pues, a Cajeme, una oportunidad en el mundo global del arte y la cultura.
La que un día me cautivó con su radiante hermosura. Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.
Estimados (as) bloggers : Aqui les incluyo otro escrito que espero les guste.
¡La colaboración número 100!
El firmamento sonorense nos ofrece magníficos espectáculos sublimes renacentistas como el que observé durante la pasada luna llena situada arriba del parque industrial: Un formidable circulo imperfecto formado por nubes grises negruzcas, al centro; la resplandeciente luminosidad blanca de la luna; a sus lados, dos nubes rojizas y anaranjadas por los rayos del sol al atardecer y como fondo un cielo azul claro. ¡Qué maravilla! Dicho acontecer motivó mi percepción para pensar en los centenarios de la Comisaría de Esperanza y de nuestra estación ferroviaria de Cajeme, el ciento de maravillas que hay en el mundo y en las cien colaboraciones culturales que he redactado para ustedes en este suplemento Quehacer Cultural durante dos años y medio de deambular por el Valle del Yaqui y Mayo y la costa del mar de Cortés.
Siempre me ha gustado escribir, lo hago por gusto y por el placer que brinda la comunicación escrita, pero, al mismo tiempo, es un vasto compromiso artístico, social y político, como el océano Pacífico, por la información externada en las crónicas y criticas de arte en Cajeme, Álamos, Etchojoa y San Carlos.
Como arquitecto egresado de la Universidad de Guadalajara y los conceptos asimilados en el taller del Marketing Urbano y Turístico en el Itesca, he combinado los conocimientos para planificar y diseñar, en el año de 2004, una guía turística del arte y arquitectura en nuestro centro histórico para redactar las primeras cuartillas de la “Mirada al arte público en Cajeme”. Un año después, la guía a la obra mural del maestro Arteche, la cual, por su valor relevante, la elevé a la categoría de patrimonio artístico cultural de los cajemenses.
Escribir cien aportaciones sobre arte y cultura para ustedes ha sido una fenomenal aventura literaria tan solo comparada con la observancia de ballenas en estado silvestre, porque durante este tiempo he redactado también entrevistas con personalidades, aspectos históricos de Cajeme y Cócorit, la estética de las ramadas yaquis, la arquitectura del ayer destruida, la protección de ballenas y delfines, anécdotas profesionales de la arquitectura naturalista, del proyecto arquitectónico residencial en España, las iglesias de Vícam Pueblo y Guaymas, ésta última en el Vaticano, inclusive, he compartido con ustedes la creación plástica para lograr piezas del arte objeto y conceptual en San Carlos, del arte realismo mágico de los yaquis y seris para pintar la belleza convulsiva y como Pintor del Festival de Álamos; la magia, al atardecer, de los muros de piedras de la arquitectura colonial de esa bellísima ciudad, y lo fantasioso entre la acuarela de una cocina de hacienda y la bellísima turista norteamericana que la soñó en su log de Nueva York.
Para redactar las cónicas del arte expuesto en las ciudades arriba indicadas, he asistido al 95 por ciento de las exposiciones donde he observado, analizado y criticado miles de pinturas, grabados y esculturas realizadas en diferentes técnicas y tendencias del arte contemporáneo en Sonora, documentación que me indujo a definir, para un libro que estoy escribiendo, la Escuela Cajemense de Pintura iniciada desde la década de los años treinta y el Arte Cajemense creado por artistas locales que están exponiendo obras de su creatividad plástica durante todo el año, la cual, se distingue por su regionalismo y folclorismo rural e iconografía de la danza del venado y pajkolas de la cultura yaqui, flores y bodegones con algo de paisaje endémico y el surrealismo de artistas jóvenes.
Con la crónica y critica del arte decidí ser parte activa y promotor del incipiente movimiento pro cultura y las Bellas Artes, el más importante en los cien años de Cajeme como asentamiento humano por su promoción y exhibición, el cual, confió y espero, se transforme, algún día, en una mini meca de arte para el comercio y exportación de las obras plásticas originales producidas localmente porque así me lo indicó el gran flujo que tuvo en el año 2004 en el festival Tetabiakte que me transportó a la zona rosa de Guadalajara y a la Colonia de Artistas de San Carlos.
Mis crónicas y criticas de arte, son pues, una aportación cultural a la sociedad conservadora y republicana sonorense, al gremio de artistas, literatos, poetizas, promotores culturales, galerías y universidades que están produciendo cultura regional a pesar de los pocos apoyos financieros privados u oficiales. Porque de cierta manera, estas redacciones han formado opiniones propositivas y adversas entre grupos sociales, para observar el arte expuesto en galerías que se esmeran en exhibir las diferentes tendencias y artistas de cierto prestigio nacional en su empeño en humanizar al pueblo bronco en las artes y cultura más allá de las caballadas.
Como es valido soñar y dejar vagar la imaginación, durante este ir y venir a las exposiciones he formado una utópica colección de obras de arte que si tuviera capital disponible y altruista, adquiría cada una de ellas para montarlas en una mega exposición permanente en el Museo de Arte Moderno de Cajeme que tanta falta nos hace ante la carestía de espacios arquitectónicos y naturales para las manifestaciones plásticas de las pioneras del arte y de jóvenes en formación.
Algunos coleccionistas locales me han indicado -La mirada al arte es como una guía para la adquisición de obras por el criterio y selección de las mejores obras en cada exposición-. La gentil pintora Georgina Zamora de Icedo, me comentó durante una plática: “Le agradezco los comentarios y critica a mi obra, los colecciono y me ha ayudado a superarme...”.
La critica de arte es creatividad, es el proceso posteriori a la terminación de la obra y su exhibición, la he redactado con libre albedrío pero sustentado en los conceptos del valor plástico que es el dominio de la técnica y dibujo, forma, composición, armonía y tonalidad, y el valor estético que es la emoción que produce al espectador que las observa.
Escribir sobre arte es trascender en la historia local, es ser parte de ella. En las crónicas he documentado su proceso para las futuras generaciones porque las anteriores no lo hicieron y hoy se dificulta la investigación sobre las obras que nos precedieron, excepto, tal vez, los artistas consagrados en el grupo Ostimuri, en los talleres libres y la licenciatura en las Artes Visuales del Itson.
El arte cajemense, para que trascienda más allá de nuestra aldea, es necesario que sea original y bello, binomio que he tratado de inculcar en mi critica de arte, porque arte es belleza, -No hay de otra en el mercado del arte.
Pero no todo lo logrado es personal, lo admito y lo externo, mucho le debo al escritor tapatío y editor Ramón Iñiguez por su constante critica y corrección gramatical porque con paciencia me formó en la crónica y entrevista literaria del gran arte de las palabras para redactar periodismo cultural veraz tan escaso y poco apreciado en nuestra cortés ciudad.
Pie de foto: ¡Dime! Tu que eres encantadoramente bella y sensual: ¿No te abruma la soledad? Mi musa del desierto baja californiano. Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.
Estim ados bloggers: para que se den cuenta de lo que estamos perdiendo con la globalizacion de la cultura, la tradicional la cambiamos por la cultura pop light de Arizona, como simbolo del progreso o modernidad.
Siempre es un gran placer visitar el centro histórico de Cócorit que data desde 1887, y observar las casonas estilo neoclásicas ricas en historia regional un tanto incógnita. Me motivó la premisa de la poeta Silvia Pratt quien aseguró: “El 24 de junio es un día para la Revelación”. Así que, con esta sabiduría, fui a este pueblo-ejido para presenciar las celebraciones del día de San Juan y la otrora famosa Feria de San Juan.
Me bajé del camión enfrente a la explanada situada al lado poniente del canal Porfirio Díaz, (ironía de la historia) y barrera cultural, para caminar hasta el templo y pedir permiso a unas señoras yaquis que estaban bajo la sombra de un yucateco. Muy pronto me di cuenta que llegué tarde al evento y según me lo indicó la señora Matilde Álvarez Muñoz, coordinadora de la fiesta religiosa y representante de la comunidad de El Conti: “Este lugar es el pueblo viejo de Cóo-coim o Cócorit, lugar de chiles (chiltepines planta extinta del lugar, NR), donde la fiesta de San Juan, que ya pasó, consiste en sacar al Santo de la iglesia para venerarlo y bañarlo en el canal porque el río Yaqui está seco, según nuestra tradición”. Y me autorizó entrar al pequeño templo con techo reconstruido donde observé la bella imagen del Santo colocado al centro del altar decorado al estilo arte popular yaqui. ¡Que belleza de imagen!
Un tanto indignado por haberme perdido esta fiesta vernácula, recorrí el bordo del canal recordando la historia de exterminio contra esta noble etnia defendida por Cajeme y Tetabiate, mientras observaba el paisaje rural hasta llegar a un puente peatonal que crucé para seguir caminando por la calle del Museo de los Yaquis y llegar a la Escuela Primaria de la Cámara Júnior donde se festejaba el fin de cursos con un vals bailado por los alumnos.
Crucé la plaza para entrar hasta el altar de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, donde observé varias imágenes de santos y vírgenes dándome cuenta que la imagen de San Juan Bautista no estaba en ningún lugar, más sorprendido quedé al saber que ya no se celebra su día.
Le pregunté a una señora: -¿Cuál es el Santo San Juan Bautista?-
“No está, lo sacaron hace muchos años porque se deterioró y no había quien lo restaurara”. Sin embargo, en la plaza, otra señora me instruyó: “El Santo venerado lo trajeron desde Estación Corral durante una antigua peregrinación que había, se les olvidó ahí y jamás regresaron por él”.
En una banca de la plaza vi a tres señores platicando amenamente, me aproximé a ellos para preguntarles: -Perdón, ¿Cuál es el pasado de la feria de San Juan?-
“Los yoremes éramos dueños de esta fiesta con la veneración del Santo San Juan, se bailaba la pajkola y matachines en una enramada frente a la parroquia en lo que hoy es una parte de la cancha-baile...”. Comentaron los señores Manuel Castelo, Pedro Rosales y Matías del Barrio del Conti, quienes después de intercambiar datos históricos, me indicaron:
“En 1962, la Cámara Júnior transformó la fiesta de los yaquis en la Feria Agrícola, Ganadera, Industrial de San Juan, donde había palenque, carrera de caballos, juegos de argolla, carpa de títeres y hasta vino un fakir que se enterraba vivo en la tierra o en hielo. Se noviaba, había bailables con banda en la plaza..., vinieron artistas como Elvira Quintana, Emilio Gálvez, Ignacio López, Toni Luna, Lola Beltrán y El Piporro. Fue muy visitada por gente de los pueblos de la región, de Obregón, de Hermosillo y hasta de Sinaloa.
-Bueno, ¿Y qué pasó con la feria?-
“El Comité de Juntas de Mejoras de Cócorit la tomaron..., pero no sirvieron...”
Para la oficial de policía jubilada Ignacia Campoa Pinuelas: “El espíritu del pueblo de Cócorit hacia a esta feria muy alegre..., había una peregrinación con la imagen del San Juan desde El Conti hasta la parroquia, pero esta celebración yaqui se transformó en una feria con palenque donde cantó Antonio Aguilar y Paquita la del Barrio, había una exposición de la cultura yaqui y el juego del cochi encebado que consistía en soltar a un puerco rasurado y cubierto de cebo, el que lo atrapaba se quedaba con el. ¡Se acabó! Se transformó en comercio... Y desde hace cuatro años se vino abajo.
Como escuchaba otro vals, crucé la calle entre una veintena de juegos mecánicos hasta llegar a la Escuela Primaria Cleotilde Flores para presenciar otra graduación, al salir le pregunté a una jovencita sobre la feria y me comentó: “No ponga mi nombre y le contesto... Antes había juego de argollas, palo encebado, concurso de la tortilla sobaquera más grande del pueblo, teatro en el kiosco, exposición de manualidades, caballos bailadores y quema de castillo... Ya no es como antes; se podía andar a gusto, ya no es sano hay que cuidarse mucho, los de Cócorit respetan a los de aquí, pero los de afuera no... Los bailes se ponen muy bien”.
Mientras el maestro Arteche y yo saboreábamos un exquisito raspado, don Pablo nos comunicó: “¡Era una feria bonita! En 1967, llegó a tener el cuarto lugar mundial en ferias, porque había caballitos ponies y un trenecito paseando gente, a la plaza venían bandas sinaloenses como los Guamuchileros, Del Paso y El Recodo...Había juegos de azar, lotería y ruleta...”. “¡Ojalá, volviera a los tiempos de antes...!”. Murmuró, para seguir citando: “Lo que antes era la feria de San Juan, hoy no llega ni a un cuarto de lo que fue”.
Ya en la noche, en un puesto de la vendimia instalada bajo las ramas de una Ceiba, al estar degustando unos burritos de carne machaca el maestro Arteche, me indicó “Esta feria tuvo su apogeo hasta 1995”.
“¡Ojalá, que La Feria de San Juan, nuestra fiesta cocoreña regrese al pueblo!” Es el clamor popular que escuché ante los bailes espectaculares populares amenizados por famosas bandas sinaloense muy concurridos y alegres junto a una pequeña kermés alrededor del kiosco. No me quedé al baile por no tener los cien pesos de la admisión, pero pedí permiso para observar las instalaciones enclaustradas por horrible barda metálica: La pista del baile con las primeras parejas de jóvenes, a un extremo; el rodeo donde bailaban algunos caballos. Al otro lado; el escenario del programa “Que toda la expo se entere” y enfrente; el atractivo visual: las hermosas edecanes Carla Ruiz y Jazmín Antura y dos animadoras de la cervecería Tecate.
“Venimos a cooperar con la feria y para rescatar las tradiciones de la gente a caballo”, me reveló Víctor Manuel Lizarraga, presidente de la Asociación de Caballos Bailadores y Educados de Sonora, mientras varios de los socios bailaban sus caballos pura sangre en la calle.
Sólo en Cajeme las tradiciones cambian drásticamente debido a la falta de arraigo e identificación cultural, ¡Increíble!
EStimados bloggers: con gusto inscribo esta notica sobre el pueblo de brujos cercano a ciudad Obregòn, Sonora, la antigua Cajeme.
Espero que les guste.
Hoy es el gran día de la cultura republicana y democrática que nos otorgó la garantía constitucional del voto secreto para seleccionar a quienes nos gobiernen y representen ante el Municipio, Congreso del Estado de Sonora, Cámara de Diputados y Senadores y la Presidencia de México. ¡A votar, pues, con libertad! Para que otros no decidan por nosotros y respeten el voto ciudadano sin importar quienes sean los elegidos por el pueblo. ¡Viva México!El paisaje agrícola, la cuenca seca del río Yaqui, los espacios urbanos, la arquitectura histórica y la amabilidad de la gente son los motivos que invitan visitar al ejido, comunidad yaqui y mestiza de Cócorit, pueblo que quedó en el ignominioso olvido desde los años cuarenta, el cual carece de la tan citada modernidad sonorense, pero, cada vez que lo visito, gozo de su cultura y medio ambiente entre calles empolvadas, arboladas y su plaza cubierta con motitas blancas de las ceibas, ambiente urbano rural pueblerino con bastante historia regional donde la semana pasada asistí a varios eventos culturales un tanto surrealistas por lo insólito que se puede presentar en este famoso ejido.
El primero se presentó en el atrio de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe con sus palmeras reales cubiertas de propaganda política colorada, para celebrar el Día de Corpus Christi, -máxima creencia de fe por los cristianos católicos-, que aun persisten en las escasas 30 señoras que acompañaron al párroco Efraín López Frank en su peregrinar visitando los cinco altares instalados en el patio parroquial y fachada poniente de la parroquia, bellamente decorados con uvas, trigo, empanadas, flores e incienso por los grupos parroquiales para terminar con la misa de la Santa Eucaristía, tradición religiosa de antaño en Cócorit donde actualmente no hay mucha participación.
La segunda fue la entusiasta caravana de carros sin decoración que acompañaban a las dos reinas de la Feria de San Juan de Cócorit 2006, donde finalizo el gran recorrido por las principales avenidas de Cajeme, continuó por la Comisaría de Esperanza donde observé la cimentación del Monumento al Centenario en la Plaza del Periodista, para proseguir por la Alameda hasta llegar a la entrada colonial de la plaza de Cócorit, donde, en la calle, platiqué con la bella y atractiva reina saliente María Rosario Terán, portento de mujer cocoreña y estudiante del Itson, vestida de china poblana de color negro con el escudo nacional en lentejuelas portando su sombrero charro. La nueva reina, quien después de bajarse del carro correspondiente, desapareció entre la escasa gente que se aglomeró en la entrada a la cancha.
El olor a humo de leña me abrió el apetito para degustar exquisitas tortillas de harina sobaqueras hechas a mano por la gentil señora Luz Oralia, en su local contiguo a la comisaría. Pedí dos de ellas para comerme una sentado en una banca de la plaza frente al kiosco mientras recordaba el pasado histórico de las guerras de exterminio y deportación contra los yaquis, la compañía Richardson, el Hotel Cócorit, hoy en remodelación para el museo de los Yaquis y pioneros, al general Álvaro Obregón y los Constitucionalistas, y admirar sorprendido las escasas casonas del siglo XVIII que aun queda en pie como símbolo de la riqueza del otrora cabecera del Municipio de Cócorit de la población mestiza y la antigua misión de visita de Cócorit entre los yaquis en su río, hoy en ignominiosa sequedad y destrucción de su flora y fauna.
Mientras me comía la tortilla restante, porque así sabe más sabrosa, dirigí mis pasos a la Peña de Cócirit en la Casona antigua de las Yayas invitado cordialmente por la licenciada María Elena Moreno para asistir a una pequeña exposición de diez pinturas del artista y diseñador gráfico holandés Nicolaas Bruinen, la cual no tuvo una curaduría entre los muros antiguos de esta famosa casona, hoy, uno de los centros culturales y de entretenimiento más visitado por las y los cajemenses jóvenes y maduros que disfrutan del ambiente de las peñas musicales iniciadas con canciones de protesta.
Me gusta mucho el espacio arquitectónico de esta antigua casona decorada al estilo colonial de sur de México, su patio con frondosos árboles, reminiscencia de las famosas huertas con norias junto al ambiente moderno de amistades y gente nueva que los motiva el arte hecho en Cajeme, escuche la introducción del filósofo Héctor Islas Azaïs: “En Nicolaas se percibe la claridad del oficio, su lenguaje, su concepción, su viveza, la fuerza de las líneas y el uso contrastante de colores cálidos y fríos con la espontaneidad de la expresión...”
Caminando entre ventanales y puertas de madera antigua platiqué un rato con el artista sobre su obra y lo invité a un recorrido por la exposición acompañado por otras personas interesadas en escuchar del propio autor su concepción plástica.
¿Qué piensas de tu obra?
“Mi estilo es más asociativo que abstracto, son pintura de manchas con posibilidades de ver muchas cosas y dar paso a la fantasía”, me indicó, mientras mostraba alguna de sus obras a Tania Armenta, escritora de poesía y a su amiga.
“Es un paso a la fantasía donde la gente encuentra cierto interés, un paso más definido”, comentó, para mostrarme una pintura de tulipanes bajo el cielo de Holanda con un peso húmedo y horizontes bajos, como los que pintaba Rembrant y otras dos obras donde combinó fotografía con el idioma de la pintura.
El observar a varias personas que admiraban con detenimiento las obras les pregunté, ¿Cuáles eran sus preferidas? :
A la señora Beatriz Marina Bours Muños le encantó “Promesa de lluvia I”; al ingeniero Guillermo Pineda Cruz le agradó “Reflexiones en verde”; pero a Guillermo Pineda Bours le gustó “Ideas en paralelo y horizontal”. La más gustada fue “Memorias de Holanda”, por las cordiales damas Lucy Bours de Valenzuela, Patricia Montelongo y Lourdes Acosta junto a “Promesa de lluvia”; a Julieta Leyva le agradó “Trozos de cielo”; Al arquitecto Salvador Aviléz “Entre arbustos” y “Pequeño aire”; a Francisco Villanueva “Camino en el Gran Cañón”, por el manejo de los colores. Pero para la mirada y crítica del arte, lo mejor de este artista es “Reflexiones en verde”, por su expresionismo abstracto y colorido un tanto europeo que distingue la obra de este artista radicado entre nosotros.
La noche fresca noche fue ideal para admirar arte europeo y degustar sabrosísimos bocadillos vino tinto escuchando la música del grupo Los Cotry,