Perspectiva critica de Cajeme: Arte y cultura yaqui
El otoño presente está con sus noches frescas y agradables para caminar por el centro histórico de nuestra inalámbrica ciudad itsoniana motivando la creación plástica, la observancia del arte en galerías y la asistencia a los festivales de Las Artes del Instituto Tecnológico de Sonora y el de Cócorit para disfrutar la cultura regional y de las Bellas Artes expuesta para los 40 cultureros de siempre y el pueblo cajemense plasmado en los murales del Palacio Municipal.
“Las elites privilegiadas de la cultura”, es un concepto Calderonista muy apropiado para la y el sonorense, porque es una practica muy arraigada entre nosotros, me incluyo, más no por la fortuna y las miles de hectáreas de riego que poseo, sino por la asistencia a casi todos los eventos gratuitos donde observo a estas personas actuar y negar un saludo, en las galerìas de Casa Rosalva, Centro de Culturas Populares, del ITSON y otras más que frecuento, ponerse en pose para la foto de la inauguración y el roce social y político con los privilegiados de la Sonora criolla, porque muchos no asisten por la apreciación del arte sino por ser un evento social y exhibicionismo polìtico.
En el pasado Primer Foro de Cultura Urbana de Ciudad Obregón, auspiciado por el maestro Mateo Sosa de
La mesa del Patrimonio Cultural planteó la necesidad de construir más bibliotecas públicas en las comisarías del municipio debido a que sólo tenemos una para 400 mil habitantes urbanos y rurales del Valle del Yaqui. Pero lamento la omisión de definir, documentar y dar a conocer el patrimonio de Cajeme en arquitectura, arte, literatura y música y la falta de respuestas a las interrogantes: ¿Qué queremos las y los cajemenses como patrimonio? ¿Qué acciones tomar para reglamentar su conservación y protección ante su inminente destrucción? ¿Porque se está permitiendo el derrumbe de las casas y edificios históricos representativos de la epoca 1920-1940? ¿Porque se permite el cambio de uso de suelo de los jardines de las plazas como la de la Estaciòn del Tren para un moderno edificio multiuso caro?
Lo que rotundamente objeté al moderador de la mesa por su insistencia en querer “Obregónizar” la cultura de los Ocho Pueblos Tradicionales de
Entonces ¿Porqué de la insistencia en querer adoptar y urbanizar la cultura yaqui, excepto, tal vez, para fines económicos turísticos de los yoris?
Lo moralmente correcto sería respetar el derecho natural y hereditario de los yaquis de conservar y proteger su recia cultura tradicional contra el colonialismo capitalista neoliberal mexi-gringo implantado como arma contra ella desde la época del porfiriato.
La cultura de la tribu yaqui no es de nosotros los yoris mexicanos, porque está definida individual y colectivamente como cultura yoreme auténtica, vernácula y heredada por los guerreros y familias yaquis que la defendieron contra la guerra de exterminio por el sonorense. Porque aún conserva y practica preponderantes conjuntos de caracteres físicos propios no mestizos ni europeos o norteamericanos; es una cultura de grupo étnico con ideas en arquitectura, arte, artesanías, música, poesía, narrativa, escultura y arte popular; conserva sus creencias religiosas precortesianas y católicas adaptadas; tiene su lenguaje de grupo con el cual se identifica; forma parte de su comunidad con una conciencia colectiva e ideales estéticos, éticos, sociales y políticos concebidos por ellos a través de su cruenta historia y practicados en su territorio natural, legalmente restituidos a ellos por decretos presidenciales con una organización social, militar y religiosa denominada Cultura Yaqui o Yoreme.
Según teorías de la planificación, Ciudad Obregón es desde los años veinte, una metrópoli regional para que los yaquis dependan de ella en lo económico, cultural, social y “practico”, porque como centro urbano no puede existir sin las comunidades indígenas circunvecinas de yaquis y pimas debido a que de ellas extrae la materia prima para su sustento, comercio e industria agrícola y mano de obra maquiladora y próximamente para la industria soft ware y Hi Fi.
A los yaquis se les ha querido erroneamente aculturizar y transformar en una comunidad campesina mexicana con acciones dirigidas a su economía agrícola, ganadera y pesquera, en la educación oficial, salud, infraestructura, tecnología y computación, para que asimile lo “mexicano” con su influencia extranjera y sustituya los conceptos tradicionales propios por otros elementos culturales del progreso estatal.
Las y los cajemenses yoris inmigrados del sur de México y radicados entre nosotros, no tenemos características antropológicas, sociales, culturales que nos identifiquen como yaquis; entonces, ¿Por qué persiste la acción oficial y universitaria para usufructuar su cultura, su arte, sus danzas, música y su artesanía para apropiarnos de ella como nuestra?
La teoría de la cultura urbana moderna de España no se puede aplicar en Cajeme en relación con los yaquis, porque no es una cultura hereditaria de los pioneros criollos y mestizos. La vernácula la erradicamos de Obregón por indígena para traer la rural y de la clase media de Tucson, Arizona.
La danza del venado es un palpable ejemplo de la piratería cultural y artìstica porque de ser una danza sagrada, ceremonial de guerra y mortuoria tradicional bailada por los yaquis hombres que fueron consagrados para tal oficio desde la niñez; la han transformado en un bailable folclórico por el ballet de Amalia Hernández estilizando su vestimenta y movimientos dancísticos en el Distrito Federal y reproducida por los grupos de danza de Cajeme y Hermosillo; se le ha corrompido por el bailarín “Tecno” hip hop y se la ha feminizado en su vestimenta por la bailarina venada yori de sensual ritmo en el baile mexicano y en pósteres publicitarios para congresos del ITSON, en el ex-certamen Miss Sonora y otros más, que lamento por ser una grave aberración y falta de respeto a todas las familias yaquis que dejaron su sangre en los combates de Masocoba, Tetacombiate, Ontamcahui y Buatachive, en Ortiz, en el Añil y otras batallas màs de la resistencia yaqui.
Creo que ya es tiempo para que los gobernadores yaquis de los Ocho Pueblos del Río Yaqui, dejen su estéril divisionismo interno con dualidad de gobernadores y tomen cartas en este asunto serio y enérgicamente detengan esta transfiguración caricaturesca e insultante que la cultura pop Cajemense está haciendo de su cultura tradicional y reclamen su derecho de autor y su autorìa intelectual ante CONACULTA, el Instituto Sonorense de Cultura, el Consejo Ciudadano de Cultura de Sonora y de los Municipios de Cajeme y Guaymas, la dirección de Cultura de Cajeme, el Museo de los Yaquis de Cócorit, la Secretaría de Turismo, el ITSON, ITESCA y empresas turísticas; por la sencilla razón de que la cultura yaqui no es la característica de Ciudad Obregón ni está identificada como “obregonense” de la Wall Street de Obregón ni en el Cajeme de las franquicias.
Francisco Sánchez

