Cultura ambiental y el consejo de cultura cajemense
Estimados (as) bloggers:
De nuevo por el cyberespacio entre todos ustedes para subir esta nueva crónica cultural y sobre el lobo marino en cautiverio de San Carlos.
Espero pues les guste y envien sus comentarios.
Qué insoportable humedad y calor estamos sufriendo en nuestro hábitat que no deja limpiar el jardín durante la tarde dominical porque en media hora nos empapamos de sudor. Más no todo es una queja ambiental porque el pasado 14 de agosto, --Fecha gloriosa para la Sonora del futuro--, apareció en el cielo vespertino cajemense, un formidable paisaje de “acuarela”: Un claro azul en el fondo y en primer plano un cielo gris negruzco por nubes cargadas de lluvia y junto a ellas varias nubes blancas donde se formó un hermosísimo medio arco iris, por arriba de la Biblioteca Pública y el Palacio Municipal de Ciudad Obregón (Cajeme), Sonora. ¡Qué belleza de paisaje urbano!
Los pasados días nublados me transportaron a los tiempos universitarios en Bellingham, Washington, donde mi querida musa Teresa y yo caminábamos abrazados expresándonos nuestro amor y pasión, y como acababa de llegar me mostraba el campus para familiarizarme con los edificios construidos entre bosques de pinos, el lago donde navegamos en pequeños veleros, la cafetería frente al mar y rumbo al departamento una extensa área verde circular donde las estudiantes en bikini se asoleaban cuando salía el sol.
--¡Algo se está quemando!--. Le exclamé, señalando con el dedo índice hacia un chorro de humo blanco de cinco metros de altura situado al centro del lugar.
Ella, después de varias carcajadas me contestó amorosamente: “¡Darling!, es una escultura conceptual hecha a base de gas por un famoso escultor de Washington...”. Para luego indicarme: “Lo escultórico son las formidables formas que toma el gas venteado a la dirección del viento, ¡Es formidable!, ¿Verdad?”.
Pues si, ella tenia mucha razón porque cada vea que podía me sentaba frente a la escultura admirando las inigualables formas volátiles que se perdían en la nada y como buen existencialista que soy abrieron mi percepción por la belleza del lugar y la múltiples formas jamás vistas. Treinta años después no he podido olvidar a ambas en medio de la soledad del desierto de Sonora.
Conmovedoramente nostálgico esta el video de un lobo marino en cautiverio que después de nadar en la alberca se sube al andador para arrastrarse hacia el mar y a la libertad pero lo obstruye una malla metálica. Sin poder liberarse coloca su cara sobre el piso y melancólicamente observa la isla Ventana y a su mundo marino situado frente al delfinario de San Carlos, Sonora. Voltea de nuevo la cabeza y con sus ojos negros y tristones mira al camarógrafo, los cierra y los abre por unos segundos, voltea hacia el mar echado como aceptando sin remedio su brutal destino y recordando sus días con su familia, su lobera y su liberación.
Este promocional es difundido por las dos televisoras estatales para publicitar el espectáculo de delfines: Una persona esquiando entre dos de ellos; otro, el pico del delfín sobre la cabeza de un infante asustado y tres de ellos saltando varios metros sobre la superficie de la piscina y terminar con el enfoque de uno de ellos mostrándonos un delfín estresado por tanto espectáculo.
Me indignó la mirada entristecida y depresiva del lobo marino por su cautiverio porque siendo feliz en su medio ambiente fue atrapado por alguna red, transportado a Hermosillo y años después a este sitio para trabajar en el entretenimiento acuático. ¿Cuanto cuesta su libertad?
¿Porqué los humanos somos tan crueles para con los animales, si por el afán de lucro para incrementar sus cuentas bancarias de Tucson, confinan a estos magníficos animales en cautiverio hasta su muerte?.
Sus desconsolados ojos me recordaron trágicos acontecimientos sufridos por la especie de pinnípedos: La perdida de sus colonias por la grave contaminación de la bahía de Guaymas, del Paraje Viejo, de la ensenada
Seguramente el mensaje de esta fotografía sea el sentimiento de enclaustramiento que se siente en esta mediocridad cultural y artística de Cajeme y traiciones chilangas porque si hoy son los lobos marinos, delfines y ballenas mañana seremos nosotros bramando y saltando bardas virtuales en Taiwán.
¡Incongruencias! Nos brinda el arte cajemense por las dos pinturas de elefantes africanos de color amarillo: Un macho solitario y una madre con su cría frente a un abrevadero casi seco de la exposición “El Color de Sonora”, durante las jornadas culturales de APALBA ante escaso público del Distrito Federal, representantes de universidades y gobiernos sonorenses, según el catalogo y fotos publicadas en este periódico.
¡Asombroso! Porque parecen ser copiados de alguna fotografía de la revista National Geographic que boceteados de la fauna representativa de Sonora. ¿Qué pasó con el misterioso “curador de arte” de
¿Por qué paquidermos amarillos para representar el arte sonorense?, si no tenemos tradición en esta especie excepto el mamut del río Sonora hace miles de años y los famosos petates de carrizo de Cócorit son –Pa` qui duerman--.
Me dio mucho gusto observar los últimos pincelazos del maestro Héctor Martínez Arteche encaramado en un andamio para concluir su nuevo mural “Génesis”, en el edificio de computación del Instituto Tecnológico de Sonora. Máximo exponente del muralismo sonorense moderno y el mejor pintor de Sonora con quien fui a comer acompañado de Alina, su bella hija, para celebrar el pasado 14 de este mes un año menos de vida como arquitecto cronista y critico de arte.
Previniéndose del calentamiento global que afectará a nuestro hábitat, un artesano ceramista del Itson y los espurios Pintores Independientes y Dominicos con supuestas exposiciones en festivales artìsticos en Cócorit, Cajeme y Álamos presentaron ante el Consejo Municipal de Cultura de Cajeme una extraordinario e intelectual proyecto cultural-artìstico solicitando dinero para comprar "Carpas desarmables, mesas y sillas de plástico tipo “Tecate”, para que el sol no derrita sus obras de barro corrientes y sin plasticidad. ¡Increíble!
Pie de foto: Matachín de Ciudad Guzmán, Jalisco. Fotografía por el arquitecto Francisco Sánchez López.

