La fealdad del arte llegó a Cajeme.
Reflexiones sobre el arte y la arquitectura en Cajeme.
La fealdad arribó a Cajeme.
El otoño es una de las estaciones del año que más me gusta por su luna y por el placentero clima de nuestro hábitat desértico de la planicie costera, pero tal parece que el calor no se quiere ir, al contrario, los últimos días ha sido inclemente para la diaria caminata por las sucias calles llenas de basura, la contaminación del aire por monóxido de carbono y otros contaminantes que aumentan el calor, el cual, con la humedad, parece que habitamos en un gran baño sauna.
Este clima caluroso y húmedo no son inconvenientes para salir en busca del arte, la cultura y la arquitectura porque con pasos lentos y bañado en sudor llegué al Instituto Tecnológico de Sonora, Campus Centro, donde, en la pequeña plaza formada por los nuevos edificios estilo internacional, observé una función de danza folclórica mexicana del grupo Yóreme-AI-Leiva de Navojoa en presentación gratuita para el estudiantado y demás gente que los observó. Otro día, también observé al grupo de danza moderna Instintos con una muy buena actuación de las y los bailarines. Ambos grupos nos indican que en Cajeme hay apreciación por la danza y esta institución universitaria es la máxima exponente en nuestro medio.
FotoSeptiembre 2006 cumplió su ciclo productivo y promocional del arte del lente con exposiciones y talleres fotográficos patrocinados por el Instituto Sonorense de Cultura, al cual agradezco todas las invitaciones que recibí para presenciar estos eventos en Hermosillo, pero que, por falta de recursos económicos para solventar los gastos del viaje no pude asistir, acción que lamento sinceramente porque no amplié mis conocimientos sobre este arte y consecuentemente, no redacté la crónica de las exposiciones para ustedes que leen este suplemento dominical hecho con pasión.
En Cajeme, sólo dos exposiciones hubo pero creo que hay más fotógrafos locales para que unidos, montar varias exhibiciones, ahora que tenemos agraciados con premios internacionales en fotografía que reconocen la calidad de nuestros fotógrafos.
El nefasto dos de octubre de 1968 no se olvida por la matanza de estudiantes universitarios de toda una generación de mexicanos que perdieron su fe en el gobierno prisita de aquel tiempo y la virginidad en el centro cultural “Las Encueradas”, de Guadalajara. El año pasado redacté algo al respecto pero hoy no estoy de humor para redactar sobre el mismo porque acabo de leer el libro “El indio Cajeme y su nación del Río Yaqui”, por Palemón Zavala Castro. Magnífico libro sobre el gran caudillo de la tribu yaqui que sentenció “Antes como antes, ahora como ahora”. Cruel historia de la guerra de exterminio y deportación contra la tribu yaqui para usufructuarle sus tierras para el capitalismo gringo porfiriano.
El mismo capitalismo que hoy esta construyendo el muro de la ignominia en su frontera con nuestro País, reprobable actitud de protección territorial que lastima los derechos estipulados en el Tratado de Libre Comercio, pero que, si todos nos ponemos de acuerdo para no ir de compras a Tucson, como si fuera el tianguis de la estación del ferrocarril, la actitud de los republicanos cambiaría por algo más democrático y decente,”el dinero habla” ¡Qué horrible! Se ve el citado muro que me recuerda dos de ellos: Uno, el Muro de Berlín, del cual, protesté en su contra con la norma “Mi arte no será exhibido en los países comunistas como protesta contra la opresora bota milita rusa”. El otro, el muro de piedra y de alambre de púas que obstruyen el acceso peatonal a nuestras playas públicas como en el litoral sonorense vendido a extranjeros que creen comprar la zona federal o hasta la Baja California. ¡No! Me refiero a las antiestéticas bardas metálicas con la que se enclaustran las plazas públicas de Esperanza y del pueblo neoclásico de Cócorit, para efectuar bailes populares durante las fiestas nacionales y ferias regionales. Sólo en Cajeme se ve que las plazas, espacios urbanos para esparcimiento de las familias y las para las tardeadas dominicales, están partidas en dos secciones: Una, los jardines y área peatonal con bancas y la otra, las canchas para deportes que son usadas como pistas de bailes, según la tradición sonorense. Traigo a relucir esto porque así lo observé en la pasada Feria de Cócorit y durante la celebración del “Grito” en la plaza de Esperanza. Sinceramente les digo que horribles se ven estas bardas metálicas en comparación de los espacios verdes y libres para el ciudadano que goza de los eventos.
Falta más sensibilidad a los encargados de colgar la publicidad municipal, porque la que instalaron sobre el mural “El pueblo de Cajeme”, del maestro Héctor Martínez Arteche en la parte sur de la fachada del Palacio Municipal, lo afea, lo tapa y que grotesco se ve. Creo que la publicidad colocada sobre el pedestal del reloj basta, porque tal publicidad obstruye la contemplación estética y la toma de fotografías por el escaso turismo que nos visita. Se ve más bello sin la publicidad, ¡Créanmelo! Mural que he propuesto como patrimonio cultural de los cajemenses que fue rechazado por el Consejo Municipal de Cultura. Pienso que la fealdad existe y latente está en nuestra maconda ciudad por las pasadas exposiciones de pinturas de “Nachio”, en la galería de arte del Itson y la de Javier Arévalo en la Casa Rosalva. Arte moderno que se pintaba en los años sesentas que no me gustó pero lo acepto como manifestación plástica, porque en el arte se pierden gustos, lo que para unos es bello, para otros es lo contrario, pero ¿Qué es la belleza? Mejor pregunto: ¿Cuál es la belleza que comienza a regir este nuevo milenio? ¿Substituirá la fealdad del arte moderno y globalizado a la belleza de la historia del arte? Por lo que he visto últimamente en pintura, escultura y arquitectura, me inclino por la última porque es más sensible al valor estético y motiva a la contemplación y admiración inclusive la adquisición para colección particular o itinerante.
El arte y la arquitectura sonorense que actualmente se están realizando y construyendo deben de tener principios inéditos de una estética nueva para el desierto de Sonora como región, para que trascienda en la globalización del arte, pero, sólo los estetas de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Colegio de Jalisco y de Sonora, pueden responder a estas interrogantes, porque, en lo particular, estoy muy contento con mi arte del realismo mágico y con el estilo colonial de Álamos, como parte de la tendencia del Mexican Village, que lo compra el turismo como un recuerdo y los coleccionistas como una inversión porque ven en el utilidades futuras en la reventa siempre y cuando el artista sea productivo con disciplina, exponga y comercialice su arte. Como arquitecto, llegué a España con mi arquitectura funcional y fachada minimalista para una residencia en un viñero en la península Ibérica pero en Cajeme y en San Carlos con el estilo colonial de las misiones sonorenses, es menospreciada porque así me lo indica el agobiante desempleo profesional que sufro en silencio, incluyendo la docencia de la arquitectura por la experiencia adquirida en el proyecto arquitectónico.
No me lo van a creer, pero ¡Qué bonita se ve la romántica luna llena de octubre arriba de una palmera en el paseo Miravalle! Lo complementa el aullido de un perro callejero asustado por algo que ven en ella, misma luna que compartía su belleza en la bahía de San Francisco y en San Carlos con una mujer igual de bella, pero en Cajeme, esta luna resalta la esplendorosa belleza de la Laguna del Náinari, nuestra área ecológica urbana que debemos de proteger, porque Kafka afirmó: “Habrá mucha esperanza pero no para nosotros, porque lo que nace por el progreso muere por el progreso”.
Pie de foto: Tetrica muerte en el "Sahuaral" del desierto de Sonora por Guaymas, Sonora.

