En Cajeme el muralista Arteche expone su arte.
Estimados(as) bloggers:
Hola, aqui de nuevo en este mundo de los bloges, pues el otro día, fui a Cócorit a entrevista a un amigo, y aqui publico la misma, que escribí en el Quehacer Cultural del Diario del Yaqui.
Gracias a ustedes por los mails, donde me sugieren que escriba más sobre este pueblo neoclásico. Con mucho gusto lo haré, esperenme unos días. Okay.
¡Yo soy, quien soy! Arteche en el Itson.
Caminar por las calles llenas de basura en nuestro hermoso hábitat urbanizado y amenazado por la lluvia del ciclón Otis, no fueron obstáculos para salir en busca del arte, fascinante aventura que terminó en Cócorit; ¡Pueblo de Brujos! Donde, en la plaza, compré un raspado de vainilla y continué mi caminar hasta la casona del maestro Héctor Martínez Arteche, para platicar sobre su próxima exposición, que ha causado muchas expectativas entre las y los bohemios. Dos perritos chihuahueños con fuertes ladridos, anunciaron mi presencia para que el maestro, abriera la puerta y dejarme entrar al interior, señalándome hacia su taller de pintura, donde asombrado quedé con tanta belleza pictórica ahí expuesta.
Conversar sobre la obra pictórica con un miembro del Salón de la Plástica Mexicana y con uno de los mejores pintores aún vivo de México, es un gran compromiso para con ustedes, porque el maestro Arteche, a sus 71 años de edad, al lado de su hija Alina, lleva una modesta vida produciendo 80 óleos al año junto a otros proyectos muralistas que avalan su prestigio internacional.
Platicar con alguien quien ha sido tu amigo por 20 años y en los últimos ocho, el critico de tu obra expuesta en el Festival de Álamos, es más significativo porque recuerdo como lo conocí:
-Me lo presentó el escultor Burk Rutherford en su casa-galería estilo castillo medieval, durante una exposición de Peter Darvas, donde estaba con mi hermosa novia de California, degustando camarones azules y vino blanco-.
“Francisco, te presento al mejor muralista de México”, Comentó Burk, recalcándome que era el pintor de los murales del Palacio de Gobierno de Hermosillo.
-¡Mucho gusto!, le dije, mientras lo saludaba de mano-. Para agregar; -¡Bienvenido a la Colonia de Artistas de San Carlos y a la cueva del cerro Tetakawi, la cual, tarde o temprano nos arrastrará a su interior!-. Le comente mientras me reía a carcajadas.
-¿Así que tú eres Arteche?- Lo interrogué sorprendido. ¡Si, yo soy!, Me contestó con humildad, para preguntarme con cierta curiosidad; ¿Por qué?
-Porque conozco tu obra; ”El Quinto Sol”, que pintaste en Hermosillo, cada semana llevo turismo a visitar a los seris en Punta Chueca y de regreso les muestro tu mural, el cual, es muy fotografiado por conocedores de arte de museos y galerías-.
Mientras recordábamos con risas la meca de arte de San Carlos que quedó en el ignominioso olvido, le comenté: -Arteche, siempre es grato saludarte y saber que todavía estamos vivos en este mundo surrealista-.
-¿Qué me puedes comentar de tu próxima exposición?-. Le pregunté, para iniciar la charla, en medio de un antiguo espacio decorado con dibujos y pinturas. “Efectivamente, es una exposición titulada; ‘Sonora Luminosa’, que se inaugurará el 11 de Octubre, en la galería de arte del Itson”. Me indicó, mientras ordenaba unos lienzos.
-¿Por qué Sonora Luminosa?- Le insistí, con cierta curiosidad, pero fascinado por el intenso colorido y formas de los cuadros que observaba.
“Porque son obras inspiradas en el magnifico paisaje sonorense, que en buena medida, la luz del desierto influye mucho en el”. Señaló, mientras me mostraba un fenomenal paisaje desértico con formidable tonalidades.
¿Cuál es tu propuesta plástica en esta ocasión?
“Mi primer óleo que pinté en Sonora, a la cual le tengo mucho cariño por ser una obra de la Escuela Mexicana de Pintura”. Me respondió emocionado y orgulloso, enseñándome un magnifico atardecer. Para luego agregar; “Como no soy conocido como pintor paisajista, he pintado unas 60 obras inéditas para esta exposición y las he complementado con otros cuadros. También deseo mostrar al cajemense, una apreciación de cómo he evolucionando en mi arte”.
-¡Que hermosa está! Exclamé, para preguntarle: ¿Cuál es la historia detrás de ella?- “Es un paisaje hacia la Costa de Hermosillo que pinté desde la azotea del Museo de la Universidad de Sonora, en noviembre de 1961. Si la observas bien, podrás pensar que se trata de una obra de José María Velasco, que no le pide nada en calidad y en conceptos, porque esa es mi escuela”. Me comentó, mientras me la exhibía con orgullo.
-¿En Cajeme, cual fue tu primera obra al caballete?-. Le pregunté. “Esa la tengo en la casa adjunta, ven, te la mostraré y aprovechamos el tiempo para invitarte una cerveza y comer algo, porque tengo hambre”, me sugirió, mientras salimos del taller y ya en la sala, señaló con el dedo índice; “¡Aquella!”, Para referirse a un pequeño cuadro con un árbol bambaleándose en un valle.
-¿Cómo llegaste a Sonora?- Le pregunté con interés, después de comer.
“El licenciado Luis Encinas Jonhson y el Instituto Nacional de Bellas Artes, me propusieron formar la Academia de Artes Plásticas de la Universidad de Sonora. Me interesó mucho, porque mi madre me comentaba”:
Arteche, ¿Por qué Sonora? Lo cuestioné, con curiosidad.
“La luminosidad de Sonora es la razón por la que me decidí a vivir aquí, ya que quedé deslumbrado y maravillado por esta luz, nunca vista en el sur de México. Cuando llegué a Hermosillo, fue tal la impresión al observar el cielo desde el avión y posteriormente los atardeceres, que decidí no regresar al Distrito Federal, me quedé para pintar lo mío”.
-¿Cómo realizaste el primer mural en Hermosillo?- Le inquirí, al sorbo de una anis.
“¡Yo vine a la Universidad de Sonora a entregar resultados, no a aprender pintura! Pero no fue fácil el comienzo porque no aceptaban a chilangos, fui agredido por profesores y alumnos, pero como yo tenia otra motivación, en 1962, solicité un muro en la Escuela de Agricultura y Ganadería para pintar el primer mural que titulé; ”Proyección futura”, me lo autorizaron, hice los apuntes a lápiz porque el color lo tenia en mi mente ¿Y qué crees?, arquitecto: ¡No me dejaron entrar los profesores, porque me dijeron: Que si iba a pintar el mural, tenia que incluirlos a todos ellos, ¡Si no, no!”.
Por unos segundos se quedó en silencio para continuar relatándome:”¡Sufrí mucho!, porque me vi obligado a cambiarlo por la pose y el retrato, que es el que está ahí, así que pinté al papá de un amigo (el que abre la compuerta), a Mario Moreno Zazueta, a mi hermana, mi hija y mi autorretrato entre otras gentes”.
“¿El resultado?” Se preguntó a si mismo, para responder: “Que es una obra importante en la plástica nacional e internacional, porque con el, en Sonora, se inició el renacimiento de la pintura mural, porque a la Escuela Muralista Mexicana la aniquilaron los pintores de la Generación de la Ruptura, en los años cincuenta, quienes atacaron el arte mexicano por los dólares de los Estados Unidos para implantar el arte abstracto”.
¿Cómo fueron los años del muralismo mexicano en la Ciudad de México? Le interpelé, porque siempre he querido saber sobre este movimiento.
“En 1948, como estudiante de la Academia de San Carlos, observé a José Clemente Orozco pintar su mural en el Palacio de Justicia. Fui miembro del Taller de Integración Plástica, que teníamos en la azotea de un edificio por la calle Juan de Letran. También fui parte de ’Los Fridos’, pero no fui tan servil como el resto de ellos. Nos visitó Siqueiros, quien me interesó mucho y recuerdo que una tarde discutí acaloradamente con él, porque yo no aceptaba su consigna; ¡No hay más ruta que la mía! Pero déjame señalarte; Que gracias a esto: ¡Yo soy quien soy!”.
“También Diego Rivera, quien tenía una mente privilegiada y a su Frida leyéndole un libro mientras él pintaba sus murales, Frida Kahlo en dos ocasiones; pero a ella teníamos que cargarla, para subirla hasta el tercer piso, por una angosta escalera. Fíjate que, en una tarde; ¡Casi se nos cae desde el segundo piso!”. Comentó mientras se reía del incidente, contagiándome, al imaginarme la escena: ¡La pobre Frida rodando por la escalera!
“La pintura evoluciona como el mundo; copiar a otros artistas es un error”. Enfáticamente concluyó esta substanciosa charla para proceder con una atenta invitación a su exposición; ¡Que esta sensacional!
De la cueva que menciono, después relataré sobre su mágia y lo que pasa en su interior, a muchos los ha afectado su atracción hacia su interior. El chiste está en no ceder. Esperenla porque es una interesante leyenda.
Francisco Sánchez López es aquitecto, fotógrafo, pintor del arte del realismo mágico, colaborador cultural y critico de arte.