Cronista de Arquitectura, Arte y Ballenas de Sonora. México y USA.

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Escrito por arkisanchez 03-08-2005 en General. Comentarios (0)
Arq. Francisco Sánchez López Suplemento dominical Quehacer Cultural. Periódico El Diario del Yaqui, Ciudad Obregón, Sonora, México. “Un Arquitecto cajemense entre los Yaquis” La realización del proyecto de remodelación del templo de La Natividad de Nuestro Señor o de La Santísima Trinidad de Vicam, Río Yaqui, Sonora. Durante un domingo de 1975, mientras realizaba los estudios sobre la vivienda de esta comunidad para mi servicio social designado por la Universidad de Guadalajara, me encontraba visitando Ciudad Obregón cuando sentí la necesidad de encontrar paz espiritual. No la encontré y opté por ir a Vicam Pueblo, seis kilómetros al sur de Vicam Estación. Municipio de Guaymas, Estado de Sonora, México. ¡Buenos días! Exclame saludando a las autoridades tradicionales reunidas en la comunila o guardia del pueblo. -¡Buenos días! Contestaron. -Pido licencia para visitar y observar el conti dominical, (misa) les supliqué, mientras estaba parado en la sombra de una ramada durante la asamblea del pueblo. Esperé largo tiempo mientras ellos, deliberaban en su idioma, para luego contestar: “¡Ehui, (Si). Pásale, pues! Caminé al sur a lo largo de una gran explanada pasando por un enorme mezquite seco hasta alcanzar el camposanto y el tempo. Tomé el acceso izquierdo del mismo, ya que el central, es solo para uso de las autoridades civiles y militares. Ingresé al recinto y me ubiqué a un lado de la arquería para no entorpecer con mi presencia yori (hombre blanco) la realización de la misa. Al concluir ésta, mi amigo Felipe Espinosa me saluda y encamina de regreso al auto; nos detuvimos en la sombra del mezquite donde me comentó de la voluntad y necesidad de las señoras encargadas del templo para arreglarlo, ya que se encontraba medio abandonado y en vías de destrucción. -La tribu esta pobre y no tenemos dinero para construir otro nuevo- Comentó, mientras se componía su sombrero. Después de un corto silencio en un espacio ancestral donde el tiempo no pasa y los remolinos de tierra envuelven todo a su paso y mientras las señoras encargadas del templo caminaban ante nosotros, saludándonos y colocándose los rebozos en la boca. Le sugerí a Felipe que si en verdad el pueblo quería reconstruir el templo, lo que yo podía hacer como arquitecto es obsequiarles el proyecto arquitectónico de la remodelación, como parte de mi servicio social, pero que la construcción seria costosa por el alto grado de destrucción. -¡Si, pues!-. Contestó mirando al horizonte y a un remolino que se nos venia encima. -¡Vamos a hablar con la gente y las autoridades a ver que dicen ellos! Le respondí. Después que Felipe expuso la idea del proyecto a las autoridades tradicionales del pueblo, soporté una larga y tediosa espera. Finalmente el gobernador otorgó la aceptación y autorización para que iniciar los trabajos de medición y señalando a Felipe y a otros dos, como mis asistentes y traductores, recomendándome no meterme con la gente porque esto les disgusta y señalándome un cuarto en la guardia donde podría dormir y usar como oficina. Con el dedo señaló una ramada lejana, cercana al templo, donde podía comer, mientras estuviese como visitante en el pueblo. La remodelación del templo de Vicam Pueblo, sería el inicio de un plan piloto para los otros cuatro templos restantes en los pueblos tradicionales de Huírivis, Belem, Pótam y Ráhum en el Estado de Sonora. Al siguiente sábado al mediodía, llegué a los puestos del mercado de Vícam Estación para comprar unos sabrosos “tacos de nada” (de harina con una hebra de carne de res, cocinados al vapor). Después a la Conasupo a comprar harina, arroz, frijoles muni, manteca y sal, para enfilar rumbo al vado del Río Yaqui y sentarme en la playa de la orilla de río a comer bajo las sombra de los álamos antes de llegar a Vícam Pueblo. Trabajar con ellos fue una experiencia sin igual, porque según Felipe, era yo el primer arquitecto en su pueblo ancestral y les daba mucho gusto que hiciese los dibujos para “arreglar su iglesia”, como me lo mencionaron varias señoras. El horario de trabajo fue muy original; no reloj; solo el rítmico sonido de un tambor tocado armoniosamente por el tamborilero parado junto a la cruz enfrente de la comunila, quien llamaba así: Al alba; Felipe llegaba para iniciar el día. Al cenit; tiempo para comer. Al atardecer; tiempo para terminar el día e ir a cenar frijoles. Se inició el proyecto con la elaboración del levantamiento arquitectónico que constó de: dibujar a mano libre y en proporción todo el templo y la medición con cinta métrica (tuve que enseñar a ellos el uso de la cinta) y posteriormente inspeccionar la estructura del techo y dictaminar los daños prominentes para decidir que se puede conservar. Por no estar acostumbrado a trabajar a la intemperie ni al clima de Sonora, días después me insolé. La señora encargada de la cocina y curandera me alivió, dándome a tomar café con hierbas de amargo sabor. Mientras reposaba en la sombra de la ramada, mi pronunciación de su idioma les causaba mucha risa por los disparates que decía. Como nunca había trabajado entre tanta tierra que se levantaba con el viento, un paliacate rojo en el rostro era lo común. Tomé agua de pozo y lo más interesante, saborear los exquisitos platillos de caldos, guisados, frijoles y tortillas sobaqueras con café negro. Para conocer el diseño original, indagamos entre los “antiguos” o ancianos del pueblo; al Temastimol (sacerdote), a las Cantoras y otros muchos más. Porque algunos de ellos fueron peones del “maistro” y de los albañiles “yoris”que edificaron el templo. Francisco Sánchez López es arquitecto, fotógrafo, pintor, ecologista protector de ballenas y periodista cultural y critico de arte. www.arqsanchez.8m.com Francisco Sánchez López Suplemento dominical Quehacer Cultural, Periódico el Diario del Yaqui, Ciudad Obregón, Sonora, México. Un arquitecto Cajemense entre los Yaquis. Segunda parte. Este bello templo de estilo neoclásico de la arquitectura del porfiriato, alcanzó a este pueblo décadas después, ya que fue construido entre 1922 –1924, durante el régimen de Adolfo de la Huerta, con un fin humanitario; lograr la paz con la tribu alzada en armas. No era la misión Jesuita del siglo XVI, levantada por el Andrés Pérez de Ribas y tomás Basilio. De ésta, solo un montículo y una cruz quedaron a la entrada del pueblo. La planta arquitectónica no es ni cruz griega ni latina típica de la arquitectura rectangular religiosa del barroco español, mas bien tiene la forma de un Uno romano. Esta orientada norte-sur, enfrente de la comunila y al lado posterior de la gran explanada ceremonial característica de todos los asentamientos tradicionales yaquis. Constaba de una sola nave central de 27 metros de largo y seis metros de ancho, formada por una arquería de nueve columnas dóricas por lado y dos pasillos angostos, que reciben un arco compuesto central y dos de medio punto a ambos costados, para recibir el techo. La fachada norte de once metros de largo y está compuesta de dos prominentes elementos: El pórtico de entrada de 4.50 metros y dos torres inconclusas de 7 metros de altura. Tiene una puerta doble de entrada a base de un arco de medio punto entre dos pilastras redondas con bases y capiteles clásicos que rematan en arquitrabe, friso, cornisa y frontispicio con un tímpano sin decorar. La secundan dos pequeñas puertas laterales y arriba de ellas, una ventana circular. Las torres tienen cuatro esquineros de ladrillo, ventanas en forma de arco de medio punto sin marcos ni hojas de madera. Cada esquina tenía troneras o remates más nunca se supo si éstas, remataban en una cúpula de ladrillo y cupulino. La entrada principal es a través de un campo santo o cementerio ancestral que funciona como atrio y al costado oriente, el campanario de tres viejas campanas que nunca se instalaron en la torre. La fachada sur es solo un largo muro de 13 metros de largo por 4.50 metros de alto. su cimentación es a base de piedra braza, que sostiene el muro de tabique y de adobe hasta la cornisa y pretil. Muro masivo y cerrado con solo dos ventanas circulares, que corresponde al altar mayor, la sacristía, dos altares menores con las imágenes de los santos Patronos y un cuarto para guardar los objetos de la misa. Frente al altar, “las cantoras”, sentadas en el suelo, rezan y cantan según el ritual y entre las columnas, se bailan las danzas según las festividades. Las fachadas oriente y poniente son similares, están compuestas por la torre, siete módulos de pilastras, dos contrafuertes de ladrillo y en cada modulo alternados, una ventana de arco (todas similares) y una redonda, que según los informantes; -los vidrios eran de colores azul, verde y ámbar-. En la fachada oriente se levanta una ramada para los pascolas y a unos metros de distancia, la casa de material para la visita del sacerdote yori que viene cada domingo de Pótam a oficiar la parte católica. El interior es muy bello e interesante por la iluminación natural, muros, arcos y 18 columnas gruesas y pilastras de color azul cielo, un arco compuesto y dos pequeños de medio punto decorados con una especie de adaraja pintada en blanco. Los capiteles amarillos y el piso de concreto pulido. El techo es de viguería de madera y terrado cubierto con un plafón de duela de madera y tela. Al inspeccionar la estructura se encontró que estaba en vías de destrucción por falta de mantenimiento en casi 50 años de vida: las filtraciones de agua de lluvia causaron el deterioro de los muros de adobe provocando derrumbe del techo y consecuentemente un grave y fuerte agrietamiento vertical de techo a piso, típicos en cualquier construcción. Con el levantamiento dibujado y con algunas fotografías, regresé a mi estudio del barrio de San Antonio en Guadalajara, donde sobre mi restirador, dibujé los planos arquitectónicos a escala de las plantas, fachadas y secciones. Meses después, regresé a Vicam Pueblo con el proyecto, para primero mostrarlo a Felipe y a las señoras. El primero exclama: -¡Pues, que bonito se ve!- Y las señoras mostraron su gran asombro y alegría mientras les explicaba los dibujos. ¡Aquí les entrego el proyecto de la remodelación de su templo! Les comuniqué a las autoridades tradicionales para luego explicarles el proyecto que consistía en: un total respeto a los espacios urbanos del pueblo, la conservación del cementerio (que son los únicos en el mundo que aún conservan este sitio), los lineamientos del diseño y construcción original junto a un programa de reconstrucción con mejoramiento al sistema tradicional y un programa de auto construcción con materiales y mano de obra yaqui, dirigidos por un arquitecto. “Hasta aquí contribuyo con ustedes, ya no puedo continuar ayudándolos porque ando igual de jodido y piojo como ustedes”. Les anuncié. El Pueblo Mayor tomó la palabra dirigiéndose primero a ellos en su idioma para después en español, comentarme que: -La tribu no tiene dinero y vamos a esperar un tiempo para su construcción y añadir; “Muchas racias”, procediéndole un coro de “Ehui” (si) de todo el pueblo-. El tiempo yaqui duró casi una década, ya que en 1985, regresé al pueblo y grata sorpresa lleve al ver que se estaba finalizando el proyecto bajo la ejecución de un pasante de ingeniería civil, quien como yo, arribó al seno de la tribu para efectuar su servicio social. Trabajar con los yaquis fue una magnifica experiencia en el quehacer arquitectónico, donde aprendí a respetar los espacios urbanos sagrados e históricos porque no quise ni tuve la necesidad de imponer criterios ajenos a los usos y costumbres propias ya que para ellos, su templo cumplía con las normas de: Firmita, Utilita y Venusta (solidez, utilidad y belleza) porque son ellos los que le dan el valor y el uso según su calendario. Tampoco opté por imponer sofisticadas soluciones urbanas y arquitectónicas europeas o norteamericanas que regían la moda de la arquitectura moderna de los años setentas. Ni siquiera las norma del Vaticano para la construcción de iglesias católicas cabían en este templo yaqui. 29 años han pasado desde que diseñé la remodelación de este templo y cada vez que voy a Vícam, me llena de satisfacciones como arquitecto al contribuir un poco por la grandeza de este pueblo y aliviar su dolor por la infamia de la colonización criolla, extranjera y mestiza que los oprimio, los deportó y casi los extermina para quitarles sus tierras para formar el Valle del Yaqui. Francisco Sánchez Lopez es arquitecto, fotógrafo, pintor, ecologista protector de ballenas y periodista cultural y critico de arte. www.arqsanchez.8m.com

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Escrito por arkisanchez 03-08-2005 en General. Comentarios (5)
Arq. Francisco Sánchez López Suplemento dominical Quehacer Cultural, Periódico El Diario del Yaqui. Ciudad Obregón, Sonora, México. Apuntes para la historia de la arquitectura de Cajeme Un arquitecto entre los yaquis. Corta historia de la arquitectura regional La ramada habitacional yaqui. Con estos apuntes sobre la arquitectura histórica vernácula de Cajeme, deseo compartir con la sociedad una versión positiva de que en Ciudad Obregón sí tenemos historia del arte y arquitectura local y regional. Sólo hay que excavar en sus cimientos, documentarla y enseñarla. Pero como el tema es vastísimo, me enfocaré, en esta ocasión, al arte de la arquitectura y el urbanismo, iniciando el desarrollo de estas temáticas con la interesante y bellísima arquitectura vernácula de la tribu Yaqui, en su género: la ramada habitacional y la ramada ceremonial. La arquitectura en Cajeme y en el estado de Sonora tiene varios orígenes: Uno, el asentamiento aborigen circundante al centro ceremonial, como la pirámide de Trincheras y en las rancherías ribereñas como los 80 asentamientos de los yaquis a lo largo de su río. El otro surge de la necesidad del conquistador español para consolidar su conquista y establecer la colonia. Sitios donde construyeron pequeños centros urbanos tipo europeo: misiones Jesuitas (80), reales de minas (Álamos), presidios (el de San Carlos de Buena Vista) y haciendas. etc. El urbanismo español introdujo el centro del poblado nativo, la plaza, la iglesia, los portales, las casonas, los barrios y los ejidos de los pueblos para los indígenas. La arquitectura de los yaquis antes de los Jesuitas fue de dos tipos: la ramada habitacional y la ceremonial. Las primeras construcciones, según la descripción del Padre Andrés Pérez de Ribas, “Eran forma circular con techos de cúpula de esteras de carrizo, muy toscas y de forma rectangular con muros de carrizo y repellado de lodo con techos planos”. Las ceremoniales fueron rectangulares y construidas con horcones de carrizo de mezquite, sin muros; utilizada como sombra y comedor donde se celebraban las danzas tradicionales sobre dibujos pintados en la tierra. Entre otras, Las rancherías de Cócorit y de Bácum. Esta habitación autóctona nos llega como arquitectura tradicional de la tribu yaqui; se puede observar en todo los poblados de su territorio, construcciones que no han cambiado sustancialmente porque sus ramadas son un espacio físico habitacional y ceremonial conceptual de un grupo humano culturalmente homogéneo que la habita y utiliza familiarmente o colectivamente. La construye con unos sistemas ancestrales propios, con conceptos nativos de una arquitectura naturalista, bioclimática y artesanal. El terreno donde se construye las ramadas es propiedad comunal de la tribu, solo se le presta un lote al dueño para levantar su vivienda. Si es yori (hombre blanco), se le renta temporalmente sin propiedad privada ni derechos de posesión. Si es yoreme tradicionalista o tiene cargo relacionado a las autoridades tradicionales, la construye dispersa entre los matorrales alrededor de sus 40 rancherías. Sí es autoridad religiosa; circunvecina a los templos en sus 8 Pueblos Tradicionales. En Cajeme, los yaquis, al perder el antiguo pueblo de Cócorit por la guerra de exterminio, optaron por asentarse y levantar otra población más acorde a su modo de vida y tradiciones en la Loma de Guamúchil y otros más. Si el yaqui, hombre o mujer tiene un grado de aculturación campesina o rural sonorense y trabaja en una sociedad productiva, se asienta en centros urbanos como en el barrio del Cónti, en Cócorit y otros barrios, en Vícam Estación o en Bácum, donde levanta su vivienda en un lote rectangular de 600 a 1200 metros cuadrados de superficie, delimitado al frente con una calle y un patrio posterior que enmarca con una portería o bardas de carrizo. La ramada habitacional es unifamiliar, abriga a seis miembros y tiene un crecimiento gregario en relación a los mayores de la familia por los individuos con parentesco o por matrimonio. Consta de tres espacios vitales: la enramada, la cocina y un cuarto para dormir con una superficie de 32 metros cuadrados. La enramada o sombra es el espacio primordial abierto comunicado a la cocina donde se convive socialmente y se duerme durante el verano. La cocina es de uso exclusivo de las mujeres de tres generaciones. Cuenta con un fogón, mesas, sillas o bancos, olla de barro para el agua, metates y molinos de café. Se les ha agregado una hornilla, un tibon para las tortillas de harina y en algunos casos una estufa de gas. El cuarto para dormir tiene una o dos camas, un ropero y demás mobiliario rústico; por lo general se utiliza durante las frías noches de invierno. El sistema constructivo es a base de una estructura modular con troncos de mezquite sin tallar, rustico, con su pátina natural, resistentes a la humedad y enclavados en suelos limo arcilloso. Los muros son de carrizo entretejido horizontal, reforzados con estelas o con fajas de madera de álamo para refuerzo vertical, rellenados con lodo y terminados al natural o repellados con adobe. Entre los carrizos dejan pequeñas rendijas para iluminación y ventilación. El techo es plano con viguería de horcones de mezquite y soleras de varas de álamo o carrizo y sobre ellos un tendido de estelas de carrizo que cubren con una capa de 30 centímetros de tierra para plantar un aislante térmico natural; el zitábaro planta silvestre que crece durante el verano produciendo frescura interior y secoaen invierno, deja transmitir el calor del sol. Con la modernidad rural en muchas comunidades se ha introducido calles o brechas, una bomba de pozo y tinaco elevado con llave comunal, postes de energía eléctrica y algunas antenas de televisión. A las ramadas; un pequeño desmonte para lavar, tender, jardín medicinal y cría de animales domésticos y una letrina sanitaria. La ramada ceremonial esta edificada con el mismo sistema constructivo, sólo que ésta, tiene tres lados abiertos y uno cerrado para resguardar el altar y los santos Patronos y otros ornamentos que son utilizados según la fiesta. En ellas se baila la danza del Venado y la Pajkola. Esta bella arquitectura vernácula tiene una unidad individual o colectiva como característica de la homogeneidad de conceptos y creencias culturales. La hace muy rica como objeto espacial y otorga un resultado utilitario artístico condicionado por el medio ambiente y la función arquitectónica para la cual se construye. Estas estéticas ramadas tienen uniformidad urbana, ofrecen una visual dentro del paisaje por sus formas, colores y texturas de los materiales naturales, porque, para los yaquis, cada elemento tiene un significado y una relación espiritual y sagrada. La fabricación rudimentaria es artesanal situada en vastos espacios silvestres. La ramada yaqui es, pues, una arquitectura diferenciada e identificada regional e internacionalmente como arquitectura vernácula de la tribu. “Una arquitectura sin arquitectos”, que satisface sus necesidades de protección, habitación, educación y convivencia comunitaria y familiar en sus aspectos culturales. Desafortunadamente, con el proceso de aculturación, esta arquitectura se está cambiado a una casa de material y losa plana de concreto armado en los centros urbanos como en Vícam Estación, donde se introduce los pies de casa, vivienda de interés social y del Infonavit, viviendas urbanas tipo mexicanas energéticamente caras y reducidas a limites inhumanos para habitar, edificadas con sistemas industrializados a base de block de cemento y bovedillas de poliestireno. En la tribu la demanda de vivienda tradicional no es problema de cuantificación, sino que es financiero, por no otorgarles créditos a los que tiene derecho, para que los yaquis auto construyan su propia arquitectura y active la economía de las comunidades con materiales naturales y mano de obra. Pero no, se le financia y se le construye una arquitectura cara y muy ajena a su recia y magnifica idiosincrasia que lo define como tribu Yaqui. Cuando analicé la problemática de la vivienda como tesis profesional para la Universidad de Guadalajara, concluimos conservar su arquitectura típica, pero acondicionando el sistema de construcción con materiales que mejoraran el sistema antiguo, pero sin cambiar la esencia, el uso, la distribución y la función de estas inteligentes y bellas ramadas que son parte de su hábitat e historia. Hoy, los introducen a un miserable pie de casa o casa de interés social. Francisco Sánchez López es arquitecto, fotógrafo, pintor, ecologista protector de ballenas en el golfo de California, periodista cultural y critico de arte. www.arqsanchez.8m.com

Museo de los Yaqui en Cócorit, Sonora.

Escrito por arkisanchez 01-01-1970 en General. Comentarios (1)

Estimados bloggers: Un cordial saludos a los que navegan en la red leyendo mis artìculos periódisticos sobre temas reales. Hoy, comparto la algarabia por la apertura del Museo de los Yaquis ant una gran multitud de cultureros, artìstas plásticos del Mayo (Navojoa) y de Cajeme que saludé amistosamente.  

 

El día estuvo fenomenal para observar las panorámicas urbanas desde la ventana de un camión en ruta al pueblo neoclásico de Cócorit, donde me baje en la plaza para sentarme  en mi banca preferida y recordar cuando conviví con ellos en Vícam Pueblo como estudiante  de arquitectura. ¿El motivo? Asistir a la inauguración  del Museo de los Yaquis debido a que el anterior estaba en el sótano de la Biblioteca Pública, Jesús Corral Ruiz, en el centro histórico de Cajeme, localización no apreciada por las autoridades tradicionales de los 8 Pueblos Yaquis, porque creo, pero no estoy seguro; les recordaba el sótano de la Estación Lencho del Ferrocarril Sud Pacífico donde muchas familias estuvieron prisioneras en espera de ser deportados  a Yucatán en vagones del tren.

Llegando a la esquina del museo me dio gusto saludar al escritor costumbrista Abraham Montijo Monge, para quien dibujé la viñeta a la tinta china de la portada de su libro, pero, lamentando su error editorial marcándome como licenciado.

Como ya es costumbre, el corte del listón rojo tuvo más de una hora de retraso por las autoridades e invitados especiales a tan renombrado evento  por el optimismo en el mercado inmobiliario y turismo cultural que vendrá para conocer a la única tribu que detuvo la conquista española con una forma geométrica: la “raya recta de Hornos”, un 4 de octubre de 1533.

Una vez del protocolo oficial entramos al recinto remodelado como museo con tecnología digital y recorrer las exhibiciones descriptivas sobre la historia Yaqui redactada en tres idiomas.

“Los yaquis ya no peleamos con el arco y la flecha, hoy, usamos el mouse (ratón) y el celular para continuar la lucha por conservar nuestras tradiciones y territorio”, señaló el orador a nombre de la autoridad del Pueblo de Cócorit, seguido por  el gobernador Eduardo Bours, quien nos indicó el costo de casi ocho millones de pesos gastados en la casona.

Caminaba rumbo a la cocina bajo una ramada, pero, antes de llegar, saludé a la encantadora regidora Ana Limón y al señor Ricardo Bours Castelo, a quien le indiqué: --Gracias, Ricardo, porque al fin tu proyecto del Museo de los Yaquis   que el gobernador tomó promesa de campaña y programa de gobierno se hizo ya una realidad--. Un tanto sorprendido, me agradeció la distinción, para yo continuar: --Sí,  lo menciono, porque tu fuiste el autor intelectual de este museo--. 

Las señoras yaquis me sirvieron hirviente y exquisito cocido con tortillas sobaqueras de harina  y con plato en mano, me fui a una ramada para sentarme en la silla y mesa para degustar sabroso platillo gourmet étnico, donde minutos antes, se había sentado el gobernador durante la ceremonia protocolaria.

danzante pajkola yaqui

 

Recorrí las instalaciones recordando la distribución espacial de esta casona: La tienda de comestibles transformada en oficina  de ingreso con una televisión encendida y una tienda con mascaras de chivato en venta; la antigua  bodega, hoy es la sala para entretenimiento de la niñez con una lotería en la lengua cahita y rompecabezas con figuras sagradas  de los danzantes venados y pajkolas.

El zaguán anterior transformado es un cuarto negro y azul con una pantalla digital decorado con el mural “Cosmogonía yaqui” y un alto relieve con figuras nativas; la cocina y el comedor de antes, hoy, es una sala con una maqueta de la iglesia de Vícam Pueblo con su espacio para el Conti; junto a ella:  Una fotografía a color de la iglesia restaurada por un proyecto arquitectónico diseñado por mi hace 31 años.

Proseguí el recorrido entre espacios decorados con ramadas tradicionales con figuras femeninas en color café representando a una cocinera y a la curandera con su medicina natural, ataviadas con vestidos originales; un jefe matachín con adornos ceremoniales y los danzantes pajkolas y venado; salí observando las vitrinas con mucha redacción histórica y  pequeñas colecciones de piezas arqueológicas y armas usadas en la guerra de exterminio contra ellos .

Un rifle me recordó la expresión: “Mausser, no; esposo si”, del cuento “Triste Historia del Pajkola Cenobio”, del escritor Francisco Rojas, el cual, según cuenta el profesor Santos García Wikit, se lo plagió el escritor.

El recorrido termina en una galería con una exposición de dibujos infantiles indígenas observado en Álamos e iluminados por vitrales un tanto fuera del tema sin escenas yaquis cotidianas, pertenecen más bien a una casa señorial.

Puedo opinar, desde la perspectiva plástica e historiografía contemporánea critica que la remodelación  de la casona a museo no es la apropiada porque no se respetó el bicolor original de café en los ornamentos arquitectónicos y amarillo ocre de las fachadas cuando la compraron. Principio básico en la reconstrucción de edificios históricos y atractivo arquitectónico de Cócorit.

Noté la falta de un proyecto arquitectónico y supervisión por un profesional en restauración de monumentos históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La museografía porque parece ser una exposición informativa visual y digital en reducidos aspectos  culturales de la indómita tribu yaqui que un museo por la falta de calidad profesional en algunas de las piezas exhibidas.

Distinguí que el plano del territorio ancestral está equivocado en los linderos sur desde la isla de Lobos al predio de San José; no son los limites por los cuales los yaquis aceptaron la paz  con el general Lázaro Cárdenas en 1937. Error  señalado  en diferentes ocasiones a la socióloga Trinidad Ruiz y al ex museo en Obregón.

Los maniquíes pintados de color café con vestimentas originales  parecen ser más bien rostros indígenas del sur de México que con la tez morena cobrizada yaqui. Sobretodo, las cabelleras pintadas en ese color en vez del color negro

Advertí que la maqueta de la iglesia  de Vícam Pueblo le falta “calidad  museo” porque parece ser un trabajo escolar y es notoria la desproporción entre las medidas de la fachada y la longitud de  la nave central.

En la pintura sobre los muros o en madera, realizado, creo, por el pintor Julio Hernández, no percibí en el colorido vernáculo  distintivo del arte popular y artesanal yaqui ya que su religión es una yuxtaposición  de creencias prehispánicas  naturales y mágicas  con las católicas  de Semana Santa y evangelización jesuita. 

Su intenso colorido y negrura del espacio me recordó una  fiesta hippie de los años 1960: Un cuarto pintado de color azul con techo negro y marmolina brillante decorado con pinturas fosforescentes, la luz negra y una sabana blanca cubriendo una pared para proyectar    transparencia abstractas al ritmo de rock and roll. 

A la bodega le agregaron un chiname de carrizo cubierto de adobe apreciándose  como un  pegoste no integrado a la fachada.

En fin, no me gustó mucho la remodelación que duró cuatro años ni la museografía exhibida tal y como debe de ser un museo de calidad.

 No comprendo la negativa para corregir los errores antes señalados  y no aceptar el hecho  de que el proyecto de remodelación de la iglesia la realizó un cajemense como servicio social en 1976, para recibir el titulo de arquitecto en la Universidad de Guadalajara.

 

Pie de foto: Danzante Pajkola yaqui.

 Francisco Sánchez López es arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas y delfines en el mar de Cortés, colaborador cultural, cronista y crítico de arte para el suplemento Quehacer Cultural del periódico El Diario del Yaqui, en Ciudad Obregon, Sonora.